lunes, febrero 27, 2006

Orgullo y prejuicio

El sábado mientras el cielo caía sobre nuestras cabezas en forma de lluvia, nieve y agua nieve, mientras en mi barrio unos cuantos conductores cabreados por la recién impuesta zona verde (la comunidad de Madrid estima que unos 10 y servidora que lo vio desde su balcón e hizo una foto del momento histórico con su nuevo móvil al puro estilo manifestómetro, www.manifestometro.blogspot.com, estima que unos 400) se manifestaban con el lema “contra los parquímetros, Gallardón ladrón”, mientras en el centro otros tantos (misma proporción de discrepancia de estimaciones) se manifestaban también aunque por otras razones, y mientras media España pasaba de manifestarse y se disfrazaba y entonaba chirigotas, yo fui al cine a ver Orgullo y Prejuicio, basada en la novela del mismo título de Jane Austen, y llegué a la conclusión, una vez más, de que he nacido en la época equivocada y en el formato equivocado porque qué feliz habría sido yo dentro de una novela de Jane Austen en la Inglaterra del XIX. Qué feliz con esos vestidos en una casa solariega en mitad de la campiña verde; qué feliz desplazándome a caballo o en faetón, en vez de en metro; qué feliz todo el día haciendo tartas o pudines o asados, cosiendo por las tardes o aprendiéndome sonetos de Shakespeare para matar el tiempo, porque en el siglo XIX me da la sensación que el tiempo era largo, largo, como cuando eres pequeño; qué feliz yéndome de vacaciones al Continente con mayúsculas y quedándome tres meses en cada ciudad, y no con un pack de cinco días de circuito por nueve capitales, como hoy día; qué feliz llevando a todas partes sombrilla y carabina, y un recado de escribir con pluma, tinta y papel gordo; qué feliz con mi piano forte y qué feliz, en fin, con mi final feliz de Lord Chungo descamisado y gesto hosco que finalmente demuestra tener un buen corazón bajo ese pecho lobo, aunque me haya tenido en vela toda la novela. Todo eso hay en la peli, por haber hay hasta un párroco soso al que por supuesto Lizzy Bennet, la prota, rechaza, ¡como si de una lectora de este blog se tratase! Lástima que sólo dure dos horas y cuarto y no toda una vida. Eso sí, al volver a casa me sentí muy Lizzy, porque igual que ella, que joven y rebelde se empeña en atravesar preciosos prados húmedos bajo las tormentas para demostrar su carácter, y para que se luzca la fotografía de la peli, yo también llegué a casa, no tan joven ni tan rebelde, pero sí con los bajos de los pantalones empapados hasta las rodillas.

jueves, febrero 23, 2006

El dilema de los jueves: el dilema de F.

El dilema de hoy está basado en hechos reales como esas pelis de antena 3 de los domingos a la hora de la siesta que tanto me gustan. Un amigo cuyo nombre mantendré el anonimato, me envió la semana pasada un email contándome sus avatares y planteándome este interesante dilema basado en sus últimas experiencias. Con su permiso, y tomándome ciertas licencias poéticas que él perdonará, os expongo su caso.
Mi amigo, al que llamaremos F., tuvo una dura adolescencia como la hemos tenido todos, porque quien ha sido feliz en la adolescencia desengañémonos, no tiene tiempo para leer ni para escribir blogs, ya que seguramente ahora está muy ocupado triunfando a diestro y siniestro. Durante dicha adolescencia desgraciada, F. se enamoró locamente y sólo de vista de esa chica que a todos os gustaba en aquella época porque, perdonad que me deje llevar por el rencor acumulado en esos años tan difíciles, siempre os gustaban las mismas; aunque la verdad es que de mi género tampoco puedo decir nada porque a su vez, siempre nos gustaban los mismos. Esos tres o cuatro elegidos para despertar las hormonas de sus otros cuarenta compañeros de clase normalmente acababan enrollándose entre sí, los tres mismos con las tres mismas, en sus diversas combinaciones posibles a lo largo de los años del insti, mientras todos los demás nos quedábamos en casa escuchando una y otra vez canciones cursis de roxette y llorando amargamente, o nos reuníamos en el recreo para hablar de ellos. Hasta que gracias a dios cumplimos los 18, salimos del instituto y nos dimos cuenta de que aquellos que formaban la masa de normalidad y que no habían sido objeto de deseo nunca, también tenían su punto, y por fin entramos en el mercado y empezamos a comernos un rosco que otro, que por otro lado tampoco sé si es una buena noticia o no.
En fin, volviendo a F., por supuesto él como todos estaba enamorado locamente de esa diosa, esa chica que levantaba suspiros y otras cosas cuando salía a la pizarra, ese personaje tan inalcanzable para alguien del montón en los años teen como pueden ser ahora Brad Pitt o Angelina Jolie para el resto de los mortales. Pasaron los años y F. salió del instituto y de su ciudad y de su país y conoció otros mundos y otras mujeres, hasta que el azar le devolvió de nuevo a su tierra. Y el azar a su vez también le hizo encontrarse de nuevo con la razón de sus desvelos durante su adolescencia. Quizás el paso de los años le había sentado divinamente bien a F., como a muchos que gracias a dios mejoramos con el tiempo, más que nada porque cuando empiezas desde un punto tan bajo sólo queda mejorar, o quizás a ella él también le gustaba en aquella época lejana pero llevada por las convenciones tuvo que salir con “el mismo” que anhelaban todas, el caso es que F. se ligó a su diosa en lo que él llama un acto que tiene algo de revancha y de ajuste de cuentas con el pasado. Pero, ay amigos, lo que en el instituto habría sido motivo de una liberación de endorfinas sin precedentes y habría marcado un antes y un después en la vida de F., ha ocurrido fuera de plazo, y quizás porque F. ya no es el mismo tras el paso de los años, o porque su diosa en realidad nunca fue para tanto pero él no lo sabía porque sólo le habló una vez para pedirle la goma de borrar, el caso es que el affaire puede resumirse como decepcionante. Así las cosas, F. se ha quedado sin ese recuerdo idílico, y ahora no tiene más que una constatación realista en el peor de los sentidos. Y él se pregunta, y yo a su vez os pregunto a vosotros ¿qué es peor, enrollarte con un dios(a) del pasado y descubrir que no era para tanto, o mantener su recuerdo incólume sin beber jamás el néctar de sus labios?

martes, febrero 21, 2006

A (Y) se le da mal tener novio

El otro día (Y) vio una entrevista a Pablo Motos que ha marcado un hito en su vida porque, según nos dijo delante de un café, Pablo Motos le dio la clave sobre por qué a ella se le da mal tener novio. Y es que dice (Y) que independientemente de lo mucho que ligues, para tener novio hay que valer, hay que saber moverse como pez en el agua en ese extraño mundo paralelo que es el mundo de la pareja para el que no hay manual de instrucciones.
Bien, volviendo a Pablo Motos, al parecer decía en su entrevista que él había descubierto la clave del amor y de una relación duradera, (y eso con lo que madruga Pablo Motos, que su programa de radio empieza a las 7 de la mañana; admirada me tiene). La clave del amor según nuestro nuevo gurú es: no te vayas nunca a dormir pensando algo malo de tu pareja, díselo. Y con esta frase Pablo Motos resume lo que los expertos llaman “comunicación” y que según todo el mundo es fundamental para tener una relación sana y feliz, y que según (Y) es un asco y para ella, un imposible. Dice (Y) que ella es demasiado educada, o quizás demasiado cobarde, para Comunicarse así con mayúsculas, y que de toda la vida de dios cuando ha pensado algo malo de alguien se ha ido a dormir bien calladita porque quién es ella para decirle a nadie nada desagradable, y que la gente sea como quiera y que ella pasa de opinar, que así le va bien en todo tipo de relaciones familiares, amistosas, etc, y que lo que ella querría es que la relación con su novio fuese igual que la que tiene con el resto de la población, es decir una relación en la que uno no se tiene que decir cosas personales desagradables para que funcione. Porque además el agravante de la Comunicación, es que si te Comunicas tú, el otro también tiene derecho a Comunicarse y antes de dormirse puede soltarte un “cariño, me irrita profundamente que nunca me invites a una caña y seas tan rata, ¡buenas noches, que duermas bien!". Este tipo de Comunicación puede derivar en una Comunicación indignada de respuesta y en un intercambio de Comunicaciones que según los expertos será muy sano pero según (Y) te amarga la noche. El fallo y la otra clave, es que en pareja, continúa el razonamiento de (Y), surgen roces y cosas que, sin saber por qué, inevitablemente te molestan. Inseguridad, exceso de intimidad, falta de espacio, convivencia, las razones (Y) las desconoce, pero, efectivamente, (Y) está de acuerdo, resulta que en pareja uno se convierte en un ser picajoso y sensible, cosa que en el resto de las relaciones no pasa o pasa menos, y para solucionar cada roce es fundamental Hablar y Comunicarse.
Si no Hablas ni te Comunicas se te hace una bola de Comunicación incomunicada en el estómago y llega un momento en que toda la Comunicación acumulada sale de golpe, sientas a tu pareja en una silla y le dices que desde el día que os conocisteis te fastidia profundamente que no cierre los botes de los champús, pero que como no se lo has dicho hasta ahora, ha llegado un punto en el que si entras en el baño y ves abierto el bote de champú te dan ganas de estrangular a alguien. Y claro, entonces tu pareja te mira con decepción desde la silla, te dice que estás loca y se larga. Y eso es lo que pasa por no Comunicarse a tiempo, y esa es la razón por la que a (Y) se le da rematadamente mal tener novio.

domingo, febrero 19, 2006

Tiempos mejores

Un amigo filósofo que tiene problemas para avanzar en el tiempo se enfrenta a los que le acusan de pesimista argumentando que a pesar de las apariencias, él no es pesimista, sino que es optimista en exceso. Que siempre piensa que las cosas van a ser mucho más bonitas y perfectas de lo que luego son, y que una y otra vez se da de bruces contra una realidad que no supera su ficción. En cambio, hace poco mantuve una conversación con un optimista redomado sobre la decepción que te puedes llevar con gente en la que tienes puestas muchas expectativas, por ejemplo en un enamoramiento apasionado, y él me decía que nunca sufría esa decepción, que lo que hay ya es mucho, ya le basta, ya es suficiente.
En días grises, complejos, irresolubles y fatales, días en los que el cinismo se va abriendo paso desde el estómago con fuerza y determinación, muy a mi pesar yo soy pesimista, u optimista en exceso. La semana pasada tuve uno de esos días y estuve varias horas intentando darme esquinazo, disimular y hacerme la tonta conmigo misma, lalalala. Me compré una camiseta y unas gomas de pelo, por si consumiendo se me pasaba la grisura, pero nada. Me comí una hamburguesa con patatas fritas, pero tampoco la grasa en vena sirvió de mucho. Hell había resuelto por fin gracias a una maravillosa señorita del corte inglés, nuestra gran duda existencial: cómo y dónde echarse el contorno de ojos. Y ni con esas. Al final el cinismo acabo saliendo a flote en forma de discurso catastrofista que se tragó la pobre Hell, ¡con lo contenta que ella estaba con todas las cremas que le había vendido la señorita de Revlon! Y volvimos a una de las pocas teorías que ha superado el paso de los años desde que nos conocemos: a la gente le pasa lo que le pega que le pase. Es decir, si eres un dramático, te pasarán cosas dramáticas; si eres alocado y aventurero, propiciarás la locura y la aventura a tu alrededor; si eres satisfecho y estable, te pasarán cosas que te harán sentir tranquilo y te satisfarán. La suerte no existe, simplemente existen los puntos de vista, porque al final todos tenemos un porcentaje parecido de dramas y alegrías, de sufrimientos y carcajadas, y lo único que cambia es la manera de enfrentarte a ellos. Tampoco existen la infinidad de posibilidades, uno se pone trabas, y solo deja que le pasen las cosas que concibe como aceptables.
Resulta que todo esto ya lo dijo Nietzsche con un enunciado mucho más bonito que el mío: el carácter es el fátum (destino). Teniendo en cuenta el triste final de Nietzsche no sé si me alegra tener teorías en común con él, y es que esta teoría es en el fondo terriblemente pesimista, ya que si el carácter está ya fijado y es prácticamente imposible de cambiar, no cabe el “ya vendrán tiempos mejores”.
Y lo peor es que en el fondo de todo pesimista, como yo o mi amigo el filósofo, no hay más que un optimista en exceso, un ingenuo que cree a pesar del discurso fatalista que los tiempos mejores sí vendrán, sin saber los tiempos mejores no vienen ni van, sino que ya están ahí.

viernes, febrero 17, 2006

Cine y culpa

La semana pasada fui dos veces al cine a sufrir. Se trata de dos pelis de ésas que las críticas tildan de “difícil pero necesaria” o “durísima e imprescindible”. Y piensas, mierda, a sufrir tocan, ¿cuándo dejarán de atormentarse los cineastas de la vieja Europa? Pero como son imprescindibles y necesarias, y además, como dice mi tía, por algo hay que sufrir (lo dice cuando se defiende por ser del atleti y claro, ahora que el atleti remonta, a ver dónde narices sufrimos), allá que fui, a pagar seis euros a cambio de un poco de sufrimiento, con nuestros estómagos preparados y los kleenex en el bolso. Resultó que no eran de llorar, eran más bien de ésas que te dejan un amargo regustillo del tipo qué asco da la humanidad en general.
Ambas pelis tratan de la culpa, tema que me toca especialmente porque yo me siento culpable por todo, por lo que hago y por lo que dejo de hacer, por lo que digo y por lo que no digo. Yo, cuando después de haber comprado algo en zara, salgo por la puerta y me pita la bolsa porque a la dependienta se le ha olvidado quitar el chirimbolillo antirrobo que pita, pienso, mierda, ya he vuelto a mangar algo sin enterarme fijo, me merezco la cárcel y casi la horca. Y que conste que no he robado nada en mi vida, pero es que no me fío de mí, algo habré hecho. Así que el tema me pilla de cerca.
La primera de las pelis sufridoras fue Caché, de Michael Haneke. Michael Haneke es un austriaco retorcido que ya nos hizo sufrir con La pianista y Funny Games. En Caché no se sufre tanto, aunque el ambiente es tirando a sórdido. No contaré mucho, nada más que Daniel Auteil es un francés pijo de izquierdas (o como dicen en Francia, mucho más bonito y acertado, de la gauche-caviar) que vive inmerso en un thriller psicólogico perseguido por su pasado, y que Haneke tiene un poco de cara porque crea un gran ambiente de tensión que apenas resuelve, tipo David Lynch. Es una de esas pelis que cuando terminan te dan ganas de al director y despertarle en mitad de la noche para decirle “¡mire señor director, yo así a la cama no me voy, cuénteme el final!”. Haneke parece que se ampara en que lo importante no es la resolución del thriller con el que te ha tenido intrigado dos horas, sino transmitirte la forma en que Daniel Auteil, que al parecer encarna metafóricamente a todo Occidente,¡toma papelón!, encara su falta: no asume nunca su culpa y esconde la cabeza como un avestruz.
La segunda peli sufridora fue Manderlay, del aún más retorcido Lars von Trier. Qué os voy a contar del bueno de Lars, que por otro lado, me entusiasma por su mismo retorcimiento. Lars hace pelis que tienen la gran virtud y el gran problema de tocar un tremendo abanico de temas, y tú escoges el que más rabia te dé. Cuando vas a ver una peli de Lars con alguien, a la salida a ti te ha parecido que trataba del hundimiento del capitalismo y al otro del sexo como herramienta de poder, y ambos seguramente tengáis razón; Rompiendo las olas, a algunos les pareció un cuentecito, y a otros pura perversión. Esta peli es la segunda de una trilogía sobre EEUU y Lars jamás ha puesto un pie en ese país, pero no hace falta. Grace, la prota, no ha hecho nada pero al contrario que Daniel Auteil carga sobre sus hombros nada más y nada menos que con toda la culpa histórica de la raza blanca hacia a la raza negra (en eso me siento identificada) y se erige como redentora (en eso ya menos). Total que la cosa acaba convirtiéndose en una alegoría sobre la libertad alucinante de dos horas y media, entretenidísimas, y todo en un escenario sin decorados. Ahora, el mensaje es incómodo y desesperanzado.
Ya en casa me he tragado un par de pelis basadas en hechos reales, para desengrasar un poco.

martes, febrero 14, 2006

Feliz Anti San Valentín lustroso

Queridos comensales votantes y no votantes de esta cocina,
Los kilos se imponen, y por aplastante mayoría de lorzas esta cocina decide que prefiere engordar por amor que adelgazar por amor por holgada diferencia: 17 votos contra 5. Esta cocina es bastante contradictoria porque en su día optó por un fascinante y enfadica, y francamente, no me imagino a nuestro Lord Chungo con delantal cocinando bollos recubiertos de merengue y mimándonos a todas horas para engordarnos. Hay que recordar que el enfadica se definía como aquel ser que se enfadaba por la última croqueta, y parece que esta cocina ahora no sólo quiere la última, sino que se comería todo el plato. ¿Será que vamos madurando, o más bien que lo queremos todo? ¿Será que esta cocina ha descubierto el subterfugio para engañar al sistema dilemoso y que a través de sus contradictorias respuestas va dando forma a una realidad compleja que se opone a la esencia misma del concepto del dilema? ¡Ay, que vamos a ser más listos de lo que creíamos! En fin, el caso es que hemos definido nuestro tipo de amor favorito, los jueves claro está, como un amor que no te produce úlceras ni ojeras, sino que te pone lustroso y de buen año. Con nuestras historias no se podrán escribir grandes novelas, pero bien contentos que vamos a estar.
Y esto lo anuncio muy oportunamente en el día de hoy, San Valentín, festividad que los más critican por ser una fiesta del consumismo, pero yo por ahí no paso, porque ¿qué tendrá de malo una fiesta consumista con las alegrías que reporta el consumo? De hecho estoy casi segura de que da más alegrías que el propio amor: ¿o es que esos maravillosos pantalones que tanto ansiabas te van a decir un día que ya no te quieren? Sin embargo, a pesar de estar siempre dispuesta y feliz ante la posibilidad del consumo, tanto para darlo como para recibirlo, la faceta parejil (mi corrector de Word qué poco parejil es, ¡se empeña en poner perejil!), exclusivista y hortera de este día me da escalofríos. Me recuerda a todas esas pelis teen americanas donde si no tenías pareja para ir a la Prom vestida de tarta de fresa con un ramillete eras un freak social; porque si no tenías pareja, ¡no podías ir a la fiesta!, y te tenías que quedar en casa con tu amiga, también pringada, viendo la tele mientras comías helado de chocolate hasta explotar, y encima te salían más granos. Y claro, ese miembro gafotas del club de ajedrez y de debate del High School que hay en mí se rebela ante esa marginación de la Prom y del día de hoy. Así que, por supuesto, yo hoy brindo por el desamor y por los que se quedaban en casa sin ir a la Prom.

lunes, febrero 13, 2006

Tarde

Alguien me dijo una vez que según Nabokov las personas se dividen en dos tipos: los amantes del tiempo y los amantes del espacio. Para saber a qué tipo perteneces hay que hacer un autoexamen sencillo: intentar recordar cómo doblas un mapa cuando ya lo has consultado. Si lo doblas cuidadosamente respetando cada pliegue y cada línea original, empleando en la tarea unos minutos, eres un amante del espacio, porque aunque tardas un rato en esta operación, tu mapa te sobrevivirá en perfecto estado y para ti tu mapa es importante; si lo doblas de cualquier forma, eres un amante del tiempo y tu mapa estará hecho un higo desde el día dos, pero total, a quién le importa un mapa: no has perdido unos minutos preciosos que tan bien has aprovechado al no doblarlo.
Yo siempre he sido una amante del tiempo, porque soy vaga, porque soy poco cuidadosa y porque los mapas en concreto y los objetos en general me dan un poco igual. Soy muy desordenada, pero el tiempo, ¡ay!, eso es lo mío. No hay agenda mejor llevada, ni horas más aprovechadas que las que me corresponden. Hasta para perder el tiempo organizo mi tiempo. Nunca he entregado tarde un trabajo y nunca me he quedado sin dormir la noche antes de un examen. Y por supuesto, hasta hace poco, nunca llegaba tarde a una cita. La impuntualidad es uno de los defectos que más me cuesta entender, aunque después de haber convivido con impuntuales he descubierto que no son del todo malas personas; simplemente si son las 7 y han quedado a las 7.30 en la otra punta de la ciudad, ellos creen firmemente que les da tiempo a poner y tender la lavadora, ir al Super y llamar a su tía Pepi que se enrolla como las persianas, y que de todos modos llegarán a la cita. Que su experiencia en este mundo les haya hecho ver una y otra vez durante 30 años que el tiempo no se dilata y que no llegan, no sirve para nada. En fin, son curiosos los impuntuales. Yo, de puro puntual, soy puntual hasta cuando no quiero serlo. A veces, al quedar con alguien tardón, intento llegar con retraso a mi cita, pero no lo consigo, siempre pienso ¿¿¿¿y si hoy es el día en que llega a la hora y yo no estoy y se ratifica en su impuntualidad para siempre???? Y en el caso de que consiga esquivar este pensamiento moralizante y esperar pacientemente en casa para salir más tarde, entonces el metro se adelanta o no hay atascos o es el día que ha cambiado la hora, y ya estoy allí, la primera, claro está.
Pero en fin, todo esto era antes. Últimamente llego tarde. Empezó a pasar hace unas semanas, de repente los acontecimientos se precipitaban, inoportunas llamadas de teléfono se producían, encuentros inesperados salían a mi paso, y plas, para la estupefacción de los que me conocen, llegaba tarde. Claro, me llamaban al móvil alarmados. También me pasó un par de veces que no cumplí del todo con mi planning diario, ¡pánico total! Pero, la prueba final de mi fatal caída a los infiernos es que he llegado tarde a Gran Hermano. Y es que después de no haber visto ni un minuto de toda la temporada, el domingo pasado me enganché a la final. Y resulta que ha estado superemocionante, con estrategia de votación, un protagonista que me ha parecido hasta atractivo (sí, lo confieso, me mola Pepe) y por el que Mercedes Milá ha perdido los papeles, dos grupos enfrentados… En fin, todo un caramelo, y yo, teleadicta como la que más, voy y me engancho cuando ya ha acabado. Pero eso no es lo peor: lo peor es que llevaba pensando en escribir este post desde hace una semana que es cuando venía a cuento porque acababa de ser la final de gran hermano, y hasta hoy no he encontrado el momento. En fin, me voy a doblar todos mis mapas.

jueves, febrero 09, 2006

El dilema de los jueves: ¿qué es peor, que el amor engorde o que adelgace?

La semana que viene es San Valentín así que en honor a los enamorados y enamoradas volvemos a los dilemas sentimentales que me parece a mí que además son los que más interesan después de todo.
Simplificando y generalizando, que por algo es jueves, voy a hablar de dos clases de amor o quizás de dos maneras de vivir el amor o quizás de dos fases en el amor. Por un lado está el amor pasión, el amour fou que dicen los franceses, encarnado por la mujer fatal y el hombre que no te conviene (o si hablamos de fases, se trata de la primera fase de todo amor). Su esencia radica en el sufrimiento, el sinvivir, la mala vida, pero también, y por eso tiene tantos adeptos, la emoción y la pasión al límite. Descargas de adrenalina y subidones emocionales suceden a grandes tragedias y dramas, es como estar en una montaña rusa. Los enganchados a este tipo de amor suelen ser lo que comúnmente se conoce por "cañeros", es decir gente a la que le ponen las relaciones destructivas y la caña. Esa gente a la que le gusta darse celos, por ejemplo, o que meses después de estar juntos todavía siguen mirando el móvil cada dos segundos pero ellos no llaman no vaya a ser que el otro se piense que le tiene en el bote. Son esas relaciones en las que hay estrategias y se mira la pareja como una especie de enemigo al que hay que conquistar y vencer continuamente, relaciones en las que recibir un sms supone que se te desboque el corazón, y no recibirlo que te quieras tirar al manzanares, relaciones en las que hay peleas terribles seguidas de tiernas reconciliaciones. Este amor adelgaza, es lo bueno que tiene, que se te queda un tipín estupendo. Es un amor obsesivo porque todo lo demás desaparece, un amor marcado por la incertidumbre donde siempre estás en la cuerda floja, que a la larga te hace infeliz, pero, ay, sus adeptos defienden que esos momentos en los que funciona, que probablemente fueron tres días al principio en los que casi no os visteis, fueron tan increíbles, que merece la pena. Y además este amor da mucho tema de conversación a tus amistades.
El otro amor es el amor que engorda, el amor placentero y tranquilo que, sí, puede llegar a ser aburrido y corre el riesgo de acabar derivando en PP (pareja pereza, ¿qué pensabais?). Es el amor que puede surgir por ejemplo entre dos amigos de toda la vida. En este amor no hay estrategias porque todo está claro desde el principio, las cartas están boca arriba; en este amor no tienes que demostrar nada. Con este amor duermes por las noches, y encima bien acompañado. A este tipo de pareja puedes pedirle que te acompañe al podólogo y lo hará. Pero precisamente por eso, sus detractores dicen que no hay magia ni emoción. Lo cotidiano se impone enseguida en estas relaciones y el adosado con sus perros y los niños planea sobre su cabeza prácticamente desde el principio. Y no tengo mucho más que decir de este amor, porque no da tema de conversación.
Bien, visto lo visto, a vosotros qué os gusta más ¿un amor cañero que os deje hechos unos sílfides ojerosos, pero que llene vuestra vida de emoción, o un amor plácido y compañero que os ponga orondos pero quizás os apoltrone en la buena vida? Y, en el caso de que lo veamos desde un punto de vista de fases de una misma relación, qué fase preferís ¿la primera fase de emociones e incertidumbres, me-llamará-no-me-llamará, me-quiere-no-me-quiere, o la segunda fase de la estabilidad, la confianza y el podólogo y Ikea? Amor que engorda vs. amor que adelgaza, ése es el dilema.

martes, febrero 07, 2006

Esta cocina es una víctima

Queridos todos participantes en mi dilema del pasado jueves, paso a comunicaros el resultado: las víctimas son las ganadoras por un apurado 8 a 7. Hemos votado que preferimos estar en la piel de la Escarlata que llora ante el último rábano de su querida Tara asolada por los cerdos yanquis, que en la de la Escarlata que llora en las escaleras cuando el amor de su vida por fin le dice esa gran frase que nuestra heroína llevaba buscándose durante toda la peli: francamente querida, me importa un bledo.
Era un difícil dilema como ha quedado de manifiesto en el resultado, y este mismo fin de semana lo he vivido en mis propias carnes. Ya sabéis que últimamente lo que escribo acaba por pasar de una u otra manera, así que en un nuevo caso de fenómeno paranormal mi creación se ha vuelto contra mí.
Resulta que este fin de semana he estado en Badajoz, esa ciudad hecha entera a base de barrios de las afueras (que no se me ofenda ningún pacense, que son muy majos). Estábamos invitados como estrellas participantes al Primer Certamen de Percusión Internacional de la Ciudad de Badajoz. Había tres premios, el tambor de oro, el tambor de plata y el tambor de bronce, que eran bien monos, ya quisieran los goya, y además un premio en metálico. El certamen se desarrolló en un clima de sana competición y durante un par de horas unos y otros subimos al escenario que amablemente nos dejó el corte inglés a aporrear nuestros diversos instrumentos. Todo fue bastante de Bienvenido Mr.Marshall, con un presentador que arrastraba las erres "Bienvenidos al primerrrrrrrrrrrrrrrr cerrrrrrrrrrrtamen de Badajoz" y que agradecía en cada intervención su participación a miles de patrocinadores "y gracias a caramelos Paco, a la floristería Hortensia, a Bocaditos y Tapas…”, pero la verdad que se portaron divinamente y nos invitaron a jamón y nos recibió el alcalde y a pesar del frío hubo mucha entrega. Claro que antes del certamen había sido el desfile de la quema del marimanta que es una tradición que se encuentra entre la chirigota gaditana y las fallas valencianas: se quema un muñeco que representa cosas que han ocurrido en el último año y deben olvidarse. Durante dos horas nos congelamos detrás del marimanta, que por cierto se parecía sospechosamente a Sadam Hussein, gracias a dios que no había ningún reportero de algún país conflictivo por allí porque se lían a quemar banderas de Extremadura fijo. Bien el caso es que tras la hoguera del marimanta empezó el certamen así que el ambiente estaba caldeado. Durante todo el concurso yo ya iba ensayando la cara de actor nominado que no se lleva el oscar por si acaso, pero cuando finalmente se falló el premio y los tamborcillos con su placa y todo se alejaron para siempre de nosotros, la decepción fue mayúscula. Y entonces surgieron las dos corrientes de pensamiento que entroncan con mi dilema ¿es que los demás eran mejores, o es que había sido claramente tongo? ¿podemos mejorar y volver a intentarlo el año que viene, o que le den a un certamen que claramente no nos ha hecho justicia? Ay, amigos, pues resultó que una vez más contradiciéndome a mí misma y conociéndome poco, ¡me consoló más pensar que los otros eran mejores! ¿Será que este viaje a Badajoz me ha hecho madurar?

lunes, febrero 06, 2006

Meme

Procedo a responder al envite de Mir (http://www.kleinemir.blogspot.com/) de hacer un meme. Y eso que no sé lo que es un meme, pero yo soy muy obediente y como me lo pide Mir pues voy a hacer mi meme sin saber lo que es.

Cuatro trabajos que he tenido (los de oficina son los que más horas me han ocupado pero no se merecen un meme, sea lo que sea un meme):
- lustradora, limpiadora y ordenadora de los libros de la Biblioteca del ilustre botánico Lineo durante un verano en Londres. Eran preciosos.
- intérprete de un Lama que presidía un congreso de medicina oriental en Madrid. Ningún jefe me ha tratado nunca tan bien, os lo recomiendo, pon un jefe budista en tu vida.
- intérprete en los calabozos de plaza de castilla. Tuve tal síndrome de Estocolmo que llegué a “arreglar" la declaración de alguno de los acusados en español para que les cayera menos condena.
- artista en bodas, banquetes y eventos, con la escuela de samba de mi hermano. Éste es actualmente el trabajo que más ingresos me reporta, junto con el paro, ironías de la vida.

Cuatro películas que puedo ver (y veo) una y otra vez:
- Lo que el viento se llevó
- Annie Hall (cualquiera de Woody Allen la verdad)
- La princesa prometida
- Una habitación con vistas

Cuatro sitios en los que he vivido:
- Madrid
- París
- Luxemburgo
- Casi, casi vivido: Berlín, Londres, Limerick (Irlanda), Cabo de Palos (Murcia), Bruselas , Almería

Cuatro series que me encantan (¡sólo cuatro!):
- Retorno a Edén (of course)
- Mujeres desesperadas
- Luz de Luna
- Doctor en Alaska

Cuatro series muy recomendadas y populares de las que no he visto ni un minuto (¿tantas?):
- Buffy
- Little Britain (me dicen mis contactos que es buenísima)
- Canción triste de Hill Street
- Perdidos

Cuatro sitios en los que he estado de vacaciones:
- Ronda (el último)
- Cabo de Palos (el más frecuentado)
- Sicilia (el más impresionante)
- Las lagunas de Ruidera (el más cercano)

Cuatro de mis platos favoritos:
- chocolate negro
- pizza
- cerdo agridulce
- patatas fritas con ketchup

Cuatro webs que visito a diario (no puedo poner solo 4, sé que me salto las reglas del meme, pero…)
- blogs: La Fragua, La perrera, Mir, Chiprelandia, Sucio troubador, Un hombre invisible
- El foro sambero
- El pais
- La página de gente de El mundo

Cuatro sitios en los que me gustaría estar ahora mismo (¿soloooooooooooooo?):
- En una agencia de viajes con Sol decidiendo a donde nos vamos con el bote del euromillón.
- En la terraza de Hell en Cabo de Palos
- En la piscina de burbujas de Mondorf, Lux
- En una terracita en verano tomándome una caña al sol

viernes, febrero 03, 2006

En el paro

El martes recibí una carta del INEM convocándome a una cita obligatoria para una “posible participación en una prestación de servicios de tutoría individual”, cito textualmente. No entendí nada y pensé, debe ser por eso que estoy en el paro, porque no entiendo nada; así que llamé, porque seré tonta, pero me puede la curiosidad. Me contaron que era una reunión informativa de introducción a un curso, ya optativo, de formación para la búsqueda de empleo. Coñe, ¿y por qué no ponen eso en la carta? Bien, como era obligatorio no podía darle demasiadas vueltas a la utilidad del asunto porque tenía que ir de todos modos, así que con todo el dolor de mi corazón, madrugué, y allí que me planté. Estábamos en una sala unas 15 chicas (ningún chico, si va a ser verdad que nos discriminan en el mercado laboral, y yo que no me lo creía…) y el que daba el curso, nuestro futuro tutor individual si lograba convencernos. Era un chico de unos treinta y muchos vestido de progre y así como enrollado pero sin gracia, la verdad. También a esas horas ya me pueden plantar delante a woody allen en sus mejores tiempos que lo mismo le escupo, todo hay que decirlo. En fin, el caso es que el chico empezó a explicarnos en que consistía el curso: básicamente en enseñarnos a buscar trabajo. Resulta que el chico era experto en la ciencia de la búsqueda de empleo, porque es que es una ciencia, una ciencia con sus miles de siglas. La pizarra se llenó de cosas tan surrealistas como BDEA (búsqueda de empleo activa), BA (más resumida que la anterior, búsqueda activa, cómo será la pasiva digo yo…), CDTPN (creación de tu propio negocio), y la más misteriosa de todas, DAPO (desarrollo de aspectos personales para la ocupación, ¡toma!). Cuando terminó de ponernos las siglas de esa ciencia tan compleja que es la búsqueda de curro (BC, digo yo), dijo, ¿preguntas? Una chica levantó la mano y respondió, "si mira, es que yo soy educadora social y también me he dedicado a esto de la formación para la búsqueda de empleo.... " ¡Yo no daba crédito de que nadie se sorprendiera de que una tía experta en buscar trabajo estuviese en el paro! ¿serán unas prácticas?, pensé. En fin, la chica siguió hablando y entusiasmándose con el profesor y su maremágnum de siglas, los dos decían cosas como “entonces también habéis hecho IPA, ¿y qué me dices de APE?”. Hasta que llegaron al tema que más les apasionaba a ambos, ¡la intermediación! Media hora que si la intermediación para arriba, la intermediación para abajo, ay, ¡si tuviésemos intermediación! Cuando yo ya me estaba imaginando la intermediación como una especie de piedra filosofal, el bote del euromillón, el paraíso en vida, alguien por fin preguntó que qué era eso, y el tutor dijo que era lo que comúnmente el resto de los mortales llaman bolsa de empleo. Pues sí, desde luego no estaría mal que el INEM (instituto nacional de empleo) tuviese una... Pero la apoteosis del surrealismo llegó al final cuando una pobre chica desesperada se preguntaba y nos preguntaba a nosotros y al cielo y a todos los santos, que qué se podía hacer cuando tras mucho buscar y buscar activamente y bien, seguías sin encontrar trabajo porque en el mercado laboral no había hueco para ti (menuda preguntita). Y va el catedrático en ciencia de búsqueda de empleo y le responde que hombre, que el objetivo final de la Búsqueda de Empleo como ciencia no es, aunque lo parezca, encontrar un empleo, (!!!) que el objetivo último es hacer una buena búsqueda y crecer como persona. Que uno puede hacer una mala búsqueda y encontrar trabajo, y eso ¿qué quiere decir, eh, vamos a ver, qué quiere decir? Pues nada, que has tenido suerte… Pero en cambio, uno puede hacer una búsqueda excelente y que le entreviste un garrulo y que no le dé el trabajo, y entonces al menos le quedará el consuelo de haber hecho una buena búsqueda (BB), que no es poco, porque el otro tendrá su trabajo, pero con una mala búsqueda, de pura potra, ¡hombre!
Como dice el señor de la fragua, ése en el próximo cursito está entre los alumnos...

jueves, febrero 02, 2006

El dilema de los jueves: ¿Qué es peor, ser víctima o ser culpable?

Tras un par de semanas de descanso del dilema espero que los comensales de mi cocina estéis recuperados y sedientos de polémica porque la inspiración ha vuelto a mí y otra vez soy capaz de ver el mundo que me rodea como blanco o negro, de izquierdas o derechas, contigo o contra ti, aunque sólo sea un día a la semana. Los dilemas bullen en mi cabeza y he aquí el primero de todos ellos inspirado en el drama humano de uno de los comentaristas de este diván, porque la cosa hoy va de dramas.
Bien, pongamos que la vida nos trata mal y nos da mala vida y la desgracia se cierne sobre nuestras cabezas de un modo trágico y fatal. Por poner ejemplos prácticos para que os hagáis una idea de lo que es una tragedia, por si acaso sois afortunados, optimistas o tenéis tres meses de edad y aún os habéis librado de ellas, tragedias son que te echen del trabajo, o que rompas con tu Lord Chungo, o que pierdas para siempre el cariño de tu profe de portugués, o que no encuentres esa carta que has guardado durante años en el fondo de un cajón, en fin, cosas que pueden no ser muy graves pero que duelen mucho en la vida cotidiana. Otras tragedias hay, pero que sean objeto de otros blogs. Bien, a cada desgracia y cada miseria le corresponde un culpable, eso es ley de vida. Los culpables se dividen en dos grupos, a cual más importante: uno mismo y el resto del universo. Por ejemplo te pueden echar del trabajo porque ha habido recorte de personal, en cuyo caso la culpa es evidentemente de la mierda de este mundo capitalista en el que vivimos, o porque has metido la pata garrafalmente en algo importantísimo, y entonces la culpa es claramente tuya. O la ruptura con tu Lord Chungo puede tener su razón en que el muy cerdo te ha engañado (lamento sacar de nuevo el tema cuernos a colación vistas las ampollas que levanta, pero es que es lo que se me ha venido a la cabeza), en cuyo caso la culpa es de él y de todos los hombres (o las mujeres) en general ya de paso, o el motivo puede ser que seas tú (soñemos, porque con lo pringados que somos de momento, me temo que los cuernos nos los ponen) quien ha tenido la aventura, con lo que la culpa será tuya y sólo tuya.
Bien, expuesto esto, analicemos las ventajas (pocas, os lo advierto desde ya) y desventajas de ambas posibilidades. Si uno es culpable de su propia desgracia porque ha metido la pata y ha obrado mal, no puede quejarse de nada ni de nadie más que de sí mismo, y eso no mola. Si uno es culpable no se puede reunir con sus amigos para emborracharse y criticar durante horas a su exjefe, su expareja o el mundo en el que vivimos, podría emborracharse para criticarse a uno mismo, pero no es tan divertido. Si uno es culpable además de triste, está rabioso contra sí mismo, horror. Pero, también es cierto que dado que uno es el único causante de su propia miseria, quizás puede anotar mentalmente la equivocación y aprender del error (me han dicho que es posible) evitando así que vuelva a ocurrir.
Por otro lado, si la desgracia se cierne sobre ti sin que tú hagas nada mal dejándote jodido, pero impune, ay amigos entonces se abre la gran compuerta del lamento. Puedes quejarte como “pobrecito yo frente a este mundo injusto” y criticar sin cesar a los culpables de tu situación, que son otros, probablemente bien acompañado porque para criticar siempre hay compañía. La queja reconforta y además no estás enfadado contigo mismo, que es muy desagradable. Pero, hay un pero, como víctima inocente que eres no has participado en tu desgracia, y consecuentemente no puedes participar en su resolución. Fuerzas ajenas a ti han hecho y deshecho y tú ni pinchas ni cortas y no está en tu mano que no vuelva a suceder.Visto lo visto, la pregunta es qué es peor, ¿ser víctima impotente de la fatalidad pero poder lamentarte libremente de tu mala y no merecida suerte, o ser culpable de tu propia desgracia y que la rabia te corroa por tu imbecilidad, pero quizás poder enmendar la plana? Qué es peor ¿que la desgracia esté en tu mano o que no tengas nada que ver con ella? Qué es peor, ¿cagarla o tener que cagarte en todo? Víctima o culpable, ése es el dilema de hoy.