martes, enero 31, 2006

Telequinesis

Como ya sabéis el martes escribí que robaban a mi profe y el miércoles robaron a mi profe. Y como habréis podido comprobar el domingo escribí que el temporal era una tomadura de pelo y que dónde estaban los copos señores de la DGT oigan por dios, y en cuanto di al botón de publicar entrada, empezó a nevar a mansalva. Esto me ha dejado muy desconcertada porque está claro que algo de paranormal hay en el ambiente, en mí, me atrevería a decir con egocentrismo de blogger, pero no me explico muy bien qué. Publico que pasa una cosa y pasa. Publico que no pasa otra y pasa también. De momento esos son los datos, a ver cómo evoluciona el asunto...Dice mi padre amantísimo que no recuerda ningún episodio paranormal infantil mío, por ejemplo lanzando un plato de lentejas no deseadas a la cara de mis progenitores solo con la mirada, pero quién sabe, quizás el mío es un caso de persona con poderes paranormales desarrollados de forma tardía, no me extrañaría no ser precoz tampoco en esto.
Hasta ahora mi único contacto con el mundo paranormal había sido hace un año cuando fui a un brujo a que me leyese el futuro. Sí señores fui a un brujo porque estaba pasando un mal momento de incertidumbre trágica y sentimental y necesitaba que alguien me dijese lo que iba a pasar y creérmel aunque fuese mentira, y sobre todo, me apetecía un montón que alguien estuviese hablando sobre mí y mi futuro durante una hora y media, aunque tuviese que pagar por ello. Por supuesto Hell, que como buena paseante del infierno también vive de forma incierta, me acompañó. El brujo era tremendo, digno concursante de Gran Hermano. Le había hecho la carta astral a todos los jugadores del Real Madrid (espero no perder lectores por ir a un brujo del real madrid y no del atleti) y tenía un dibujo enmarcado con un conejo gigante y una virgen diminuta hecho por él , que al parecer se le habían aparecido (¿a la vez?) Vivía en un sótano lleno de Marcas antiguos en los que dibujaba bigotes a los jugadores y les ponía bocadillos con frases chistosas que nos enseñó como gran obra. A pesar de todo eso le dimos la pasta y nos leyó el futuro. Sí, estábamos desesperadas.
Empezó conmigo. Primero me describió y acertó cosillas del tipo "eres abierta". En fin, todo el mundo se cree abierto, y yo también. Y luego me predijo un futuro superconvencional con un hombre estable y divertido que me iba a querer con locura, un adosado con perros, y unos hijos estupendos que nos darían dinero (futuros maria isabeles digo yo). Total que al ver que tal futuro me daba ganas de saltar de alegría de la emoción a pesar del adosado y los perros, de hecho creo que por el adosado y los perros, me di cuenta de que mi actitud postmoderna hasta la fecha no era más que una farsa y que en el fondo parecía que yo quería lo que quiere todo el mundo, que si lo quiere todo el mundo por algo será. Así que me quedé tan feliz con mi futuro convencional apañado y empecé a pensar dónde me iba a hacer el traje de novia. Hell lo tuvo peor. Le predijo un hombre con mucho carácter, bigote y uniforme. Y también le recomendó que no viajase a ningún país del tercer mundo porque acabaría en la cárcel. Ante la jocosilla respuesta de Hell de que si el del bigote y el carácter no sería el guardia de la cárcel turca, nuestro brujo gran hermano se puso serio y le pidió que no se tomase el futuro a broma, y fue y le predijo un suspenso en las oposiciones y que nunca le iba a tocar la lotería. Eso sí, le dijo que era muy fogosa, dato que había olvidado decirme a mí, así que lo buscó en mi carta astral y me dijo “tú, normalita de fogosa". ¡Y a mí qué! Yo salí como unas pascuas y Hell se fue la semana siguiente a otro brujo diferente a que le contrapredijese ese futuro tan perro. Eso sí, a Turquía de momento no ha ido.

domingo, enero 29, 2006

El temporal inexistente

El viernes a pesar del estado de excepción decretado por las autoridades por el temporal de nieve, lluvia, granizo, rayos y truenos que iba a caer sobre nuestras cabezas, nos cogimos el coche y nos fuimos a Ávila, con un par, desafiando las inclemencias. Pero no os creáis que fue fácil llegar a este punto de pasotismo ante las voces de alarma, tuve mis dudas, y muchas. El mismo jueves la DGT recomendaba "valorar la importancia del viaje" y yo siempre hago caso de la DGT, y prácticamente de cualquiera, pero más de la DGT con esos anuncios tan truculentos que solían hacer (están mucho más moderados ahora), que casi me desmayaba cada vez que los veía y que me han dejado marcada de por vida, y esas advertencias que ponen en plena autopista en plan marcador “este fin de semana el año pasado murieron 48 personas” y que si lees detenidamente mientras conduces fijo que te estampas. El caso es que cuando vi la recomendación de la DGT pensé, ¿cómo será para la DGT de importante ir a Ávila a pasear por el campo y comer judías de El Barco? Qué cuestión tan relativa y tan filosófica esta de la importancia… Encendí la tele, que es lo que hago siempre cuando noto que la filosofía se me sube a la cabeza, y vi imágenes del Apocalipsis climático que se nos venía encima. Y tuve miedo, yo, una mujer que ha vivido en un país con nieves perpetuas y así y todo salía de casa con el pelo mojado; se me formaban estalactitas, lo juro. Así que estuve a punto de cancelar el viaje, pero me dije, ya lo pensaré mañana, como Escarlata, y me fui a dormir. Al día siguiente temprano la predicción había mejorado, y brillaba el sol en Madrid. Además mi quiosquera, que se entera de todo, me dijo “bah, ni caso a lo del temporal, estos mucho dicen y luego ná". Y decidí hacerle caso a la quiosquera, entre la quiosquera y la DGT suelo tener comprobado que acierta más mi quiosquera. Total que tras marear a mi pobre compañero de viaje con "vamos, no-vamos, no-sé, qué-hacemos" y a mis pobres anfitriones con frases de contenido dubitativo similar, me dije, hala, que sea lo que dios quiera. Y cuando ya lo había decidido, vuelvo a leer en elmundo.es que Castilla y León está en alerta y que van a caer chuzos de punta, y otra vez que valore la importancia del viaje. Bueno, pues nada, me dije, ya el viaje tiene mucha importancia porque hay tres personas implicadas que han cambiado sus planes por mí, fijo que si se lo cuento a los de la DGT lo entienden y les parece una gran razón para un viaje: no quedar mal. Así que allá que nos fuimos, forrados como esquiadores, precavidos como conductores modelo, ¿y qué pasó? Pues que ha hecho un tiempo estupendo, que ha brillado el sol y que no ha caído ni una gota. Y así y todo al volver a Madrid los marcadores de la DGT recomendaban el uso de cadenas para salir de la Comunidad. Estoy deseando contárselo a mi quiosquera.

viernes, enero 27, 2006

Desenlace de Aurelio

Ya ha pasado el jueves y no ha habido dilema porque ayer sufrí la crisis del post en blanco con respecto al dilema. No me lo explico viviendo como vivo una etapa incierta llena de dilemas cotidianos y trascendentales, pero así fue. Cuando me senté ante mi ordenador para pensar y plantear un dilema me salió tal cagarruta de dilema que finalmente el dilema fue ¿qué es peor publicar un dilema patatero o no publicar nada? Y me decidí por la última opción sin pediros que votarais porque evidentemente sería una paradoja que os pidiera que votarais si publicar o no un dilema que ya estaba publicado. Y eso que me encantan las paradojas, pero bueno.
En cuanto a Aurelio, sé que os morís de ganas por saber qué ha pasado, media España está pendiente de mí en el día de hoy. En fin, no mantendré más la intriga. Tras leer todos vuestros excelentes, y a cuál más pérfido, consejos, llegué puntual a la clase con un popurrí mental de mentiras hirviendo en mi cabeza, y muy pocas palabras en portugués para expresarme. Nada más sentarme la profesora me preguntó ¿Gabriela, trajiste el CD? y sus ojos reflejaban todo el cariño que un profe de idiomas puede llegar a tener por la alumna que hace siempre sus deberes. Sin embargo al oír mi respuesta, compendio perfecto de concisión de todas vuestras sugerencias: no, es que no funcionaba, su cara cambió y me sentí como se debió sentir Brutus cuando le miró Julio César agonizante. Sus ojos eran la imagen misma de la decepción. Ella sabia que yo le estaba mintiendo, menos mal que discretamente no dijo nada. Yo también supe que ella sabía, y así las dos nos miramos sabiendo y no diciendo. Menos mal que este momento de miradas terribles fue interrumpido porque la profe tení algo que contarnos. Y atención que lo que viene ahora os hará temblar, ¿recordáis, y si no pues lo leéis, que en mi post sobre la mentira de Aurelio decía que una de las opciones barajadas maquiavélicamente por mí durante la clase fue mandar unos ladrones a casa de mi profe para que robaran a Aurelio? Bueno, pues mi deseo se ha cumplido y tengo miedo. Resulta que el miércoles entraron a robar en casa de mi profe y se han llevado todos sus aparatos tecnológicos y cedeses, incluido su portátil (que en portugués se dice lapi-topi, adaptación del inglés lap-top). No me he atrevido a preguntar si Aurelio había desaparecido también porque no me ha parecido procedente, pero ahora que soy como Carrie, estoy segura. Aunque también puede ser que sea una Carrie chapucera y mis telequinesis se queden a medias por pura pereza, que me pega mucho. El caso es que todos hemos consolado a la profe y hemos aportado nuestra experiencia personal en robos, que es lo que siempre se hace cuando te cuentan una desgracia, contar otra similar y si cabe más desgraciada. Pero yo, mientras le contaba como entraron en mi casa cuando tenía cinco años, pensaba, dios, soy la niña de Carrie, escribo que entran unos ladrones en casa de esta mujer y van y entran, dios. Así que si no os importa en los próximos posts daré detalles sobre como me toca la lotería o como me ofrecen el trabajo de mis sueños, a ver si mi yo sobrenatural se porta…

martes, enero 24, 2006

Mentiras portuguesas

Mi clase de portugués está marcada por la mentira y ahora sé que todas las mentiras tienen consecuencias. Yo no miento casi nunca; aclaro por si hay algún malpensado que no es un problema moral, es que se me da mal: soy una mala mentirosa porque soy muy expresiva. Sin embargo en mi clase de portugués ya va la segunda vez y me siento atrapada en una fatal espiral de engaños. La primera la narraré en otra ocasión; a continuación la mentira de hoy, que está más fresca.
La justificación: a mi favor diré que la mentira de hoy ha sido por una buena causa: no quiero decepcionar a mi profe de portugués que como ya conté aquí es la única persona, aparte de mis seres queridos, que me valora un poquito hoy día, y si pierdo su aprecio es probable que entre en una grave crisis, una crisis de ésas que hacen temblar a tus amistades, en las que te pasas días en pijama diciendo que no vales un pimiento y que no entiendes cómo te aguanta nadie hasta que consigues que tus amistades, que empezaron temblando, terminen dándote la razón y no aguantándote.
La mentira: resulta que el jueves pasado mi profe me dio un CD con el diccionario Aurelio. El diccionario Aurelio es a la lengua portuguesa lo que el María Moliner a la nuestra, nada más que con un nombre bastante más gracioso. Mi profe me dio el CD a mí de entre todos los demás alumnos para que me hiciese una copia de Aurelio la primera, en lo que yo consideré un gesto de deferencia hacia su alumna más aplicada (aunque parece, por lo que narraré a continuación, que también soy la alumna que peor nota sacará en el listening), y me pidió, o eso es lo que entendí, que trajese de vuelta a Aurelio en la clase siguiente para que los demás también pudiesen hacerse la copia. Total que por supuesto no me he podido copiar a Aurelio porque últimamente no me da tiempo ni a freírme un filete, así que estamos como para copiar Aurelios. Y hoy cuando me iba por la puerta he visto a Aurelio que me miraba desde mi mesa aún original e irrepetible, y he pensado, mierda, y después, con esa rapidez mental de fabricación de autoexcusas que te da los años, bueno pues nada, total tengo un diccionario en papel que no será Aurelio pero a falta de Aurelio buenas son tortas, eso sí yo le llevo el CD a mi profe como quedamos para que vea que soy una alumna seria y responsable y le hago caso infinito en todo lo que me dice. Así que para clase que me he ido con Aurelio bajo el brazo. Al entrar la profe me ha preguntado ¿qué tal Gabriela, te grabaste a Aurelio? Y aquí es cuando ha comenzado la espiral de mentiras: le he respondido, con la mejor de mis sonrisas en mi portugués macarrónico: sí, claro que sí, me lo he grabado. ¿Todo bien, lo has comprobado? Sí funciona estupendamente, he respondido, y he añadido para dar más veracidad a mi mentira, que me estaba quedando muy sosa: sin problema, perfecto, qué gran diccionario y tan cómodo en su versión digital, hay que ver las maravillas de la técnica, tome, su CD. Y ahí tenía que haber terminado todo, ¡pero no!, si ya lo dice el refranero popular, se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, y qué rabia da a veces el refranero popular... De repente me dice: ¿has traído la copia? Y yo he pensado y para qué querrá esta mujer la copia, ¿es que se ha dado cuenta de que le he mentido? dios, y he empezado a tartamudear desconcertada, pero es lo bueno de hablar en otro idioma, que si tartamudeas se nota menos, y le he dicho más o menos bien: pues no, la verdad que la copia está en mi casa. Y entonces ha sonado una música de peli de terror y un foco ha iluminado a mi profe mientras hablaba: no pasa nada, la traes el jueves y se la pasas a tus compañeros para que la copien, yo necesito el original porque se lo voy a pasar a otros grupos. Y a la vez que pronunciaba estas fatídicas palabras cogía al auténtico Aurelio de mi mano, y he visto a cámara lenta como se metía a Aurelio, mi llave para solucionar este entuerto, para enderezar la espiral de engaños, en el bolso, lejos de mí para siempre, ay, ¡Aurelio! No me he atrevido a decir nada porque claro, qué iba a decir “esto, perdone es que soy imbécil y le he mentido y no me he hecho la copia…”. Y así, no me he enterado de la clase de hoy porque me la he pasado maquinando soluciones varias para poder volver dignamente el jueves con una copia de Aurelio (comprarme a Aurelio, contratar a unos ladrones a sueldo que entren en casa de mi profe y roben a Aurelio, elaborar mi propio Aurelio copiando en el ordenador mi diccionario en papel).
La moraleja: escucha atentamente a tu profe cuando te hace un encargo, si no está del todo claro, pregúntale discretamente qué ha dicho a ese compañero pasota que se va todos los veranos a Brasil y lo entiende todo el muy pedorro, y si te ofrecen un CD de Aurelio, di que no tienes ordenador.

viernes, enero 20, 2006

Los momentos de (Y): el momento Juan Palomo

El otro día (Y) nos contó una cosa que le pasa muy curiosa y que al parecer le pasa a más gente según el minucioso estudio sociológico al respecto que ella misma ha realizado. También es verdad que a otra mucha gente no le pasa, y dice (Y) que a veces cuando lo explica la miran con esa mirada atónita de incomprensión que a todos nos ha echado algún prójimo alguna vez y que te hace sentir la inmensa soledad del universo y la imposibilidad de la comunicación entre los hombres por mucho que hablen y hablen, así de golpe delante de una caña un viernes cualquiera.
(Y) tiene lo que ella llama doble personalidad temporal, es decir su personalidad se desdobla cara al futuro. Me explico. Por ejemplo, (Y) va tan campante por la calle siendo (Y) con sus más y sus menos, sus problemas, sus alegrías, sus cosillas de (Y). De repente se cruza con un compañero de su clase de alemán de 1999 que no ve desde dicho año y que le caía más o menos bien, cree recordar, y zas, exaltación de la amistad en plena calle. ¿Qué tal? Pues muy bien. Qué ilusión joe, qué bien estás, ¿y el alemán cómo va? Pues lo dejé, Vaya qué pena, con lo bien que pronunciabas las erres, jajajaja. Y tal. Total que en el momento de la despedida, llevado por el ataque de exaltación amistosa (que dura exactamente 10 minutos, está comprobado, pero el gran fallo es que es lo mismo que duran las conversaciones en plena calle) va el excompañero de alemán y le dice a (Y): oye tía, ¿por que no te vienes a una fiesta que doy en mi casa dentro de dos semanas? Y entonces (Y) sufre un desdoblamiento de personalidad temporal y se ve dentro de dos semanas como si fuese otra persona, una persona que puede ir a una fiesta llena de desconocidos, pasárselo pipa, hablar con todos los invitados de miles de cosas interesantes y graciosas, tan fresca y feliz y monísima, y acabar bailando sobre la encimera mientras todos corean su nombre. Y le apetece muchísimo el plan, joé qué planazo, se dice (Y). Así que presa del entusiasmo le da el móvil a su excompañero de alemán, le jura que nada le hace más ilusión en el mundo que ir a una fiesta suya, que se lo van a pasar pipa, que no deje de llamarla. Todo esto (Y) no lo hacer por quedar bien, no, (Y) cree firmemente que le va a apetecer ir a esa fiesta porque (Y) está convencida de que es esa persona que se ha imaginado en esa fiesta. Bien, pasan las semanas, (Y) se olvida de ese encuentro y de ese conocido, como es normal, hasta que ring-ring, suena el móvil el día antes de la fiesta. (Y) lo coge al principio sorprendida y al rato directamente horrorizada porque claro, no le apetece un pimiento ir a una fiesta llena de desconocidos donde no va a saber de qué hablar con esa gente que seguro que es horrible y aburrida, como lo es el mismo excompañero de alemán al que ya ha cogido manía por insistir tanto y hasta llamarla para la fiesta, el muy pesado. Y entonces (Y) se da cuenta de que la culpa no es del pobre excompañero de alemán sino de ella misma que ha vuelto a sufrir de un desdoblamiento de personalidad temporal metiéndose así de cabeza en un momento Juan Palomo, yo me lo guiso yo me lo como, o más brevemente, tú misma bonita. Y mientras se viste para la fiesta se maldice a sí misma por su poco autoconocimiento futuro y se dice nunca más, nunca más, la próxima vez haré un esfuerzo por ponerme en MI lugar unas semanas después, no puede ser tan difícil.

miércoles, enero 18, 2006

Madres

Mi amiga P. me ha pedido hoy que le cuide a su hijo, mini p, y aquí estamos mini p. y yo tranquilamente reposando en esta mañana invernal. Mientras escribo esto, mini p. que tiene 9 meses, está sentado como un pachá en una especie de mini-hamaca roja. Hemos elegido la mini-hamaca de entre una multitud de opciones que combinan reposo y entretenimiento: un columpio con juguetes colgantes, una manta con miles de cosas abultadas que hacen ruido, una cuna musical, etc… Mi primera conclusión es que ser mini p. mola, tantas cosas divertidas para hacer, y todas en posición horizontal. De vez en cuando miro desde mi silla a mini p., que es como un señor en pequeñito, y le hago una cuchufleta de madre total tipo “ay mi rey, qué tal, uyyuyyyyuuuuyyy, pero qué guapo es este niño, ayayayayaya, qué te pasa a ti, a ver”, léase con toniquete (es ésta una confesión terrible, y es que tras abrir la caja de pandora de mi verdadera personalidad aquí el lunes me temo que no pararé hasta que me odiéis todos). Yo misma me oigo y no doy crédito, aunque a mini p. parece que le hace gracia y me manda pedorretas a modo de respuesta. Me pregunto si con el instinto maternal vienen también ese tipo de expresiones impresas en el código genético, porque si no no me explico de donde han salido. Recuerdo que cuando éramos pequeñas mi amiga Olg y yo siempre nos quejábamos de nuestras madres, y nos sorprendía muchísimo que las cosas tan fastidiosas y tan de madre que nos decían fuesen tan parecidas, a veces hasta idénticas palabra por palabra. Son los clásicos de madre que ya me he visto diciendo a mi hermano pequeño y que seguramente le acabaré soltando a mis hijos, o en su defecto a algún sobrino o a mini.p. Por ejemplo, quedó contrastado que tanto la madre de Olg como la mía, y supongo que todas las madres del mundo, cuando no comías y te dejabas restos en el plato decían algo del tipo “¡con la de niños muertos de hambre que hay en Somalia!” (soy de la generación en la que los niños que se morían de hambre estaban en Somalia, creo que cada tantos años el país de origen de los niños hambrientos cambia, no sé cual será el que se estila ahora, supongo que el dato se te revela en plan espíritu santo cuando tienes que dar de comer a un niño desganado). El razonamiento nos parecía absurdo porque al niño de Somalia le da igual que tú te comas el filete o no, a efectos prácticos, y de todos modos tú se lo darías de buen gusto si pudieras, al niño de Somalia, que a esas alturas de tanto que salía en la conversación te caía mal, por muy desnutrido que estuviera. También estaba la clásica respuesta, ya de más mayores, cuando querías hacer algo que no te dejaban hacer, tipo dormir en casa de una amiga, y usabas el argumento chantaje emocional no-me-obligues-a-ser-diferente “pues a patatita le dejan y patatita lo hace”, y tanto la madre de Olg como la mía, como si se hubiesen puesto de acuerdo o fuesen a clases nocturnas secretas de madres, decían “qué pasa, ¿si patatita se tira de un puente tú te tiras detrás?”. Y nosotras respondíamos, pero vamos a ver, ¡qué tendrá que ver quedarse en casa de una amiga con tirarse de un puente!, que soy una niña pero no tonta, si patatita se tira de un puente pues yo miraré al vacío con horror y se me quedará un trauma de la infancia de aquí te espero, pero no se me ocurre tirarme detrás. Y así otras muchas. Un día le conté a mi madre lo que comentábamos Olg y yo sobre las similitudes de nuestras respectivas progenitoras, y me dijo que ella también comentaba con la madre de Olg lo mucho que se parecían nuestras respuestas de niñas repelentes y contestonas. ¡Me tuve que callar porque era verdad! Y así comprendí que parece que todos nos aprendemos un papel no sé sabe muy bien cómo ni de dónde, y lo vamos soltando cuando nos toca lo mejor que podemos.

lunes, enero 16, 2006

Resolución de los últimos dilemas

En este lunes gris y lluvioso la vida me da mala vida. Tras acometer la ardua tarea del recuento de votos de los dos últimos dilemas acabo de constatar una dura realidad que hace tiempo sospechaba: no tengo ningún poder de convicción ni, lo que es más grave, de manipulación. De hecho estoy por ofrecer mis servicios en plan espía doble al partido político que más odio porque conmigo fijo que hasta sus más antiguos votantes se cambian de bando. Es lamentable, pero es cierto. Y digo que es lamentable porque a mí me gusta mandar y resulta que no mando nada de nada en ningún lado. Me gusta tener razón y me gusta que me den la razón. En lo que a realidades cotidianas se refiere, la democracia me parece un asco en el que nadie está contento, y francamente, siempre he entendido las dictaduras si la dictadora soy yo. Esto lo descubrí en un viaje por Italia que hice hace unos años con 9 amigos. Todo lo votábamos y nunca salía lo que yo quería y mi cabreo llegó ser tal y mis ganas de dar un golpe de estado tan enormes, que me asusté. Y lo peor es que tenía pensamientos tipo despotismo ilustrado “es que no saben lo que les conviene, los pobres…". Hice mío ese gran lema “todo por el pueblo pero sin el pueblo”, aunque claro sólo para mis adentros y sin efectos reales porque no tengo ni media torta. Si hasta me alegraba, y esta es una terrible confesión para que veáis lo malísima-cutre persona que soy, de que las cosas que yo no votaba salieran mal para poder decir “ya te lo dije”. En fin, perdonadme ¡pero es que me dais muy mala vida!
Vamos a ver, primero de todo, el dilema de los Ex, muy emblemático para este glob porque su primer post estuvo centrado en estos seres. ¡Pues resulta que ha habido un empate! Un empate en el dilema de los jueves, lo nunca visto. El mismo concepto del dilema de los jueves, que consiste en dar rienda suelta a la radicalidad más desatada, no es coherente con la palabra empate, que sugiere armonía, tolerancia, medias tintas y buen rollo. En fin, esta cocina ha opinado, qué le vamos a hacer, y ha opinado que no sabe qué hacer con su Lord Chungo cuando la plante. Así están las cosas. Propondría una pelea en el barro entre el ex-encapsulado y el ex-coleguita, pero es inviable por razones obvias: el encapsulado no puede salir de su retiro y el coleguita está en contra de las peleas a muerte. Total que dios dirá. En fin, la cápsula sigue ahí por si la necesitamos.
Pero, la conclusión más grave es la del dilema Mátrix. Resulta que esta cocina quiere saber la verdad ante todo, aunque duela, aunque no sirva de nada. Y esta es mi cocina, y los que me conocen saben cuán antigua es mi lucha no por la verdad, sino contra ella, contra la sinceridad a cualquier precio, que me parece la peor de las plagas. Pero resulta que esta cocina mía quiere ser salvada por Keanu de su felicidad y paz virtual para aterrizar en un mundo feo y deprimente, que eso sí, es verdadero. Y resulta que el dilema estaba redactado de tal forma que lo más apetecible y lógico parecía ser votar sí a Mátrix. Pero nada, ni con esas. He descubierto que esta cocina tiene su propio criterio y eso es muy doloroso para una dictadora frustrada como yo. También es doloroso sentirme minoría, yo, que amo la masa, que desde siempre lo único a lo que he aspirado es a ser igual y no diferente.
No sé qué me queda tras tamaño fracaso. Estoy barajando posibilidades como hacerme domadora de hámsters, sargento, profe de operación triunfo, doctora amor de una revista femenina, en fin, profesiones que me permitan dar órdenes e influir desde una posición de superioridad. Se admiten sugerencias.

jueves, enero 12, 2006

El dilema de los jueves: el dilema Mátrix

Seguramente todos habéis visto la película Mátrix, pero por si acaso tengo algún lector de otro planeta o que ha pasado toda su vida con una tribu del Amazonas, voy a resumir. Mátrix es considerada por muchos la gran saga futurista-filosófica de los 90. En mi opinión no llega a tanto, pero ésa es otra historia. La peli se desarrolla en un mundo del futuro donde vive Neo, Keanu Reeves con su habitual expresión inexistente y su habitual tipín. Un buen día Neo descubre que todo lo que él creía que le rodeaba, el vecino de arriba, el supermercado donde compra el detergente, su cepillo de dientes, su mundo vamos, en realidad no es más que un diseño virtual, un escenario creado por los seres que de verdad dominan el mundo: los malos (los que dominan el mundo siempre son malos, ahora y en el futuro). Los malos no son humanos, claro está, sino máquinas, que hacen creer a los humanos que viven y andan y comen y trabajan y aman, cuando en realidad están en una especie de cápsulas (¿serán exes de alguien?) en estado vegetal “alimentando” (no sé muy bien cómo) a las máquinas. Las máquinas han destruido el mundo y la superficie está inhabitable, es una especie de vertedero nuclear, creo, así que tanto las máquinas como los humanos encapsulados se encuentran en un lugar indefinido, flotante y deprimente que me parece que es el subsuelo. Bueno, da igual. El caso es que Neo descubre todo esto porque él es el elegido para salvar a la humanidad, mira tú la gracia. Sale de su cuerpo encapsulado, abandona su vida virtual, y se une a otros humanos guerrilleros que también han salido de su cuerpo encapsulado y viven ya en la realidad verdadera, que francamente, es un horror, todos hacinados en una nave cochambrosa desde donde intentan salvar al género humano. En un momento de la peli, y ahí viene el dilema, uno de estos guerrilleros, el más feo de todos que desde el principio ha mirado a Neo con aviesas intenciones, traiciona a sus compañeros de lucha. Queda con una de las máquinas que le dice que si se traga una pastillita azul volverá al mundo virtual siendo un hombre rico, guapo y poderoso, y, esto es lo importante OLVIDANDO que lo que le rodea no es más que una patraña virtual, y SIN SABER que hay otra realidad. Será como diría una abuela, feliz en la ignorancia. Por supuesto el personaje se toma la pastilla diciendo una gran frase "si muerdo un buen filete y siento cada bocado como si fuera real, qué más da que sea o no real”. Y a mí me convenció el argumento, pensé pues que se tomen todos la pastillita y asunto terminado, que salgan de su nave cochambrosa y sobre todo que Keanu se ponga unos vaqueros y se quite ese traje aerodinámico cruce entre sotana y vestuario de Locomía. Pero no, los aguerridos guerrilleros cuando se enteran de la traición se llevan las manos a la cabeza, ¿cómo es posible que alguien haya elegido vivir una bonita mentira antes que una horrible verdad? Hombre, abrid vuestra mente, pensé yo. Y sobre todo, ¿por qué tienen tan claro que la humanidad quiere saber la verdad y ser salvada? ¿O acaso es evidente que vayan a saltar todos de alegría cuando descubran que sus siete años de carrera y sus sudores para pagar la hipoteca no han valido para nada porque en esa realidad a la que Keanu les lleva no hay ni trabajos ni casas ni leches? ¿No preferirán un mundo con paisajes y sol y rebajas y cines, aunque no exista en realidad?En fin, he ahí el dilema. Por poner un ejemplo un poco más cercano, dado que creo que lo de salvar a la humanidad y las naves cochambrosas se nos queda un poco lejos. Imaginaos que vuestra pareja os engaña. Es un engaño del que es imposible que os enteréis a no ser que él/ella os lo cuente, y que no traerá consecuencias porque no ha sido más que un desliz para vuestra pareja (sí es un cerdo, pero recordad que es un Lord Chungo Deportista, qué pensabais) Qué preferís, ¿que os lo cuente, o que se calle? Qué preferís, ¿conocer la verdad y sufrir, cuando todo seguiría exactamente igual si no la supierais, o vivir felices como perdices pensando que aquí no pasa nada, cuando sí ha pasado? ¿Sinceridad ante todo y aunque duela, o hipocresía reconfortante y tranquilizadora? ¿Vida virtual ideal o realidad verdadera espantosa?

martes, enero 10, 2006

Miedo al compromiso

Mi hermano pequeño que tiene seis años me comentó estas navidades que sus amigos juegan a un juego en el cole que le da miedo. El juego en cuestión es el que todos los que alguna vez hemos ido a un campamento (cómo me alegro de lo lejos que están esos tiempos) o a alguna convivencia religiosa (despertar sexual de muchos españolitos) o a algún cumpleaños del guay de la clase con chicas y chicos (de esos no fui a ninguno, no me invitaban), conocemos por el juego de la botellita. Manolito me contó que es que en ese juego te puede tocar darle un beso en la boca a una chica y que si besas a una chica en la boca ya te tienes que casar, y que menudo agobio. Esto del agobio lo añado yo, pero estaba implícito. Manolito con 6 años sufre ya de lo que muchos sufren más adelante: estrés mental ante una situación que podría o no producirse pero que una vez que te la has imaginado te paraliza de tal forma que te ves incapaz de actuar. Es decir, te vas al cine con alguien por primera vez y de repente te pones a pensar que los hijos os van a salir feísimos como saquen su nariz y tus ojos, y te ves yendo a ikea los sábados por la mañana con esos hijos tan feos y haciendo una cola interminable para comprar unas mesillas de noche que vas a tardar 7 horas en montar, y entonces una oleada de sudor frío recorre tu piel y no puedes respirar y sueltas sin venir a cuento "mira no sé si volver a quedar contigo porque es que lo de ikea un sábado lo llevo fatal". Y el otro te mira como si estuvieras loca y con razón. O en plan más abstracto, pero igual de absurdo, los clásicos "no estoy preparado para una relación" (como si una relación exigiese un entrenamiento especial tipo tour de Francia); "no quiero comprometerme"; o "quiero vivir la vida todavía un poco más" (como si con pareja estuvieses muerto). Este pánico a algo que no existe aún, el pánico a la decisión, a dar pasos que podrías dar sin problemas, o que incluso ya estás dando sin darte cuenta, pero de los que te aterran las consecuencias, es cada vez más frecuente, y no es una cuestión de género. Es conocido el tópico de que los hombres no pueden comprometerse pero yo no me lo creo, conozco cada vez más casos de mujeres a las que les pasa. Quizás es fruto de una sociedad en la que supuestamente el peso de la responsabilidad de tu propia felicidad recae sólo sobre ti mismo, y eso asusta. El caso es que muchos, como Manolito, no dan el beso por lo que pueda venir después. Pues ellos se lo pierden.

domingo, enero 08, 2006

Orden y concierto

Los Reyes Magos me han traído un ataque de orden compulsivo disfrazado de minicadena. El viernes por la mañana cuando abrí el paquete enorme que estaba al lado de mi zapato, inocente de mí pensé qué majos los Reyes estos que me han traído una minicadena muy mini monísima y con altavoces de madera (así mido yo la calidad de mis aparatos electrónicos, por su color y tamaño). Pero no, en realidad los Reyes Magos que son muy listos y muy magos, lo que me han traído es un ataque de orden compulsivo. Y es que cuando el mismo viernes, con todos los regalos puestos, porque yo lo estreno todo en cuanto lo poseo, me puse a colocar mi minicadena y a jubilar a la antigua, decidí de repente, así soy yo de impulsiva, en una maniobra arriesgada de decoración, sustituir el sitio oficial de la minicadena desde hace 10 años. Y en el puzle de desorden y caos que es mi cuarto no puedes mover una cosa sin cambiar otra, porque no hay huecos, y así fue como me vi inmersa sin comerlo ni beberlo en una espiral diabólica de cambios y transformaciones y modificaciones y limpieza y orden, y no consigo salir. Porque claro, una vez que te pones a ordenar y a tirar ya no hay marcha atrás: es incoherente ordenar una estantería y dejar las demás como estaban; es injusto tirar los papeles viejos de un cajón y perdonarle la vida a otros; cómo vas a ordenar la mesa y no el armario de la ropa.
En realidad les estoy my agradecida a los Reyes Magos por su regalo porque por primera vez desde hace un mes me siento útil y eficaz, me siento como una mujer profesional de mi tiempo, capaz de tomar duras decisiones rápidamente y sin pestañear como por ejemplo tirar una cinta de Wilson Philips o ese bikini que me quedaba tan bien (es un decir, dentro de mis limitaciones) y que ya está roñoso y que en la última limpieza se quedaron en la "fase 2": ese cajón que es como el corredor de la muerte, como la papelera de reciclaje del ordenador, donde colocas las cosas que sabes que tienes que tirar pero que te mueres de la pena de tirar y piensas bueno, la próxima vez (en mi caso el plazo es largo, transcurren unos dos lustros entre limpieza y limpieza) y mientras me voy haciendo a la idea. El hecho es que mientras ordeno me siento como master and comander de mis objetos y mi cuarto y mi vida, tengo el control sobre mi cinta de Wilson Philips (gracias a dios), y me gusta, me siento dinámica y responsable, y aunque soy vaga y he disfrutado mucho de este mes de indolencia, en el fondo también soy un poco master and comander. Ay dios, quién me entiende. En fin, sigo ordenando...

jueves, enero 05, 2006

El dilema de los jueves: ¿qué es peor, intercambiar e-mails diarios con tu ex, o bloquear su cuenta de correo?

Ay, los exnovios, esa cruz de nuestra generación de la que tan a menudo he hablado en este diván. Esos minidivorcios que te dejan destrozado, esa ristra de cadáveres que los ya no tan jóvenes solteros acarreamos a nuestras espaldas normalmente con un cadáver reinando por encima de todos los demás: el Ex-ponja, que te sorbe los sesos y que te acompaña como un fantasma si le has mandado a la cápsula (para los recientes seguidores de este blog, mandar a la cápsula es algo así como mandar a la mierda) o que te acompaña realmente si se ha convertido en esa extraña figura que es el exnovio amigo.
Los exnovios encapsulados son aquellos que en el momento de la ruptura te caían tan mal que no dudaste en enviarles al espacio sideral y que ahora, esperemos, ya te dan bastante igual pero francamente, qué pereza hacerles volver a la nave nodriza. Están muy bien donde están. Los exnovios encapsulados son el prototipo de exnovio al que pones verde, del que dices cosas del tipo “tuve una exnovia que siempre se quejaba de que cantase por las mañanas, la muy imbécil, era una amargada” o “mi exnovio una vez me regañó por morderme las uñas, el muy estirado”, cosas que por otro lado animan las veladas. En mi opinión los exnovios encapsulados son más fáciles de olvidar porque ese proceso de desprestigio, de minar la imagen del que una vez fue encumbrado a los altares, no es más que el proceso opuesto al enamoramiento: el desamor. Enamorarse de alguien supone verlo por encima de todos los demás, y desenamorarse es justo lo contrario, con lo que implica una cierta manía hacia aquél que fue deseado y adorado. Lo habitual es que cuando el proceso de desenamoramiento ha terminado, tu ex vuelva a la posición de persona normal perteneciente a la masa (de la que por otro lado quizás nunca debería haber salido), que sea otra vez uno/a más, alguien cualquiera de quien no estás enamorado/a ni desenamorado/a. Pero, retomar entonces la amistad resulta artificial y da pereza. Así que suele ocurrir que una persona que una vez fue fundamental ahora ya no esté en tu vida, y eso es triste. Por eso, muchos prefieren al exnovio colega, es el famoso “seguiremos siendo amigos” que a veces se cumple a rajatabla dándose el caso extremo (que es el que reflejo dado que es jueves) de que siga en tu vida exactamente igual que cuando salíais, de que la única diferencia esté en el plano físico, pero que por lo demás se reproduzcan los roles de la relación, las rutina y hasta los enfados, las exigencias y los malos rollos. Es casi lo mismo que tener un novio nada más que sin la parte más entretenida. El exnovio amigo es ese novio al que tus amigas/os odian porque sigue dando la plasta, pero que tú disculpas porque te sigue cayendo bien, oh fatalidad. Es mucho más difícil olvidarse de un exnovio que te cae bien porque no hay desenamoramiento, sigue en el pedestal, se ha quedado ahí plantado y anclado, y no hay quien le baje. A la larga se le acaba superando también, no porque él/ella lo ponga fácil, sino porque todo se supera en esta vida aunque en los momentos de abismo parezca imposible ,y las aguas acaban volviendo a su cauce porque siempre vuelven; y entonces los exnovios amigos ya son amigos normales con los que quedas de vez en cuando a comer y contarte la vida sin problemas, y probablemente cuando por fin llegue ese momento te alegres de haber sufrido durante meses la tortura de esa lejana cercanía con el objeto de tus desvelos porque claro, después de algo así lo vuestro es amistad verdadera y hasta la tumba, y será el padrino de tu boda o la madrina de tus hijos. Muchos dicen que es mejor poder pensar que has estado con alguien que es especial y que la gente que ha sido importante siga en tu vida, pero, ¿merece la pena tanto esfuerzo?
Éste es el dilema de hoy compañeros de debate: si nuestro Lord Chungo Deportista nos parte el corazón (será él quien rompa, esta cocina es pringadilla), qué haremos ¿mandarle a la cápsula o merendar juntos cada día? Qué diremos, ¿no me llames nunca más imbécil, o seamos amigos?; ¿nos cambiaremos de acera si nos lo cruzamos por la calle y pediremos a nuestros amigos comunes que no nos hablen de él, o pasearemos juntos por dicha acera y nos llamará los primeros para contarnos que le han ascendido? ¿Nos mandaremos e-mails diarios o bloquearemos su nombre para convertirle en spam? ¿Qué es peor, que te caiga mal tu exnovio, o que te caiga bien? Exnovio encapsulado vs Exnovio coleguita, he ahí el dilema. Recordad, nada de medias tintas, los jueves sólo tintas enteras.

domingo, enero 01, 2006

Salidas y entradas de año

El día 30, víspera de Nochevieja, Sol y yo pasamos por la puerta de ídem a las 12.10 de la noche. Justo antes de entrar en la plaza habíamos dicho “un año deberíamos venir a pasar la Nochevieja en la Puerta del Sol” y habíamos estado de acuerdo y nos había hecho ilusión. Pero ten cuidado con lo que desees: cuando 20 minutos después logramos salir de las garras de la masa fue como si hubiéramos pasado 25 nocheviejas seguidas en tan célebre lugar. Y es que el día 30 de diciembre se hace un simulacro de Nochevieja en la Puerta del Sol. Se trata de un simulacro técnico para garantizar que funcione el espectáculo de luz y sonido y que los españoles nos comamos nuestras 12 uvas correctamente, a ver si por culpa de un fallo de logística nos equivocamos todos a la vez y cae sobre nosotros una maldición de mala suerte nacional, que lo que nos faltaba, francamente. El caso es que desde hace un par de años se ha puesto de moda entre los dicharacheros madrileños acudir a la Puerta del Sol no sólo el día 31 como es costumbre, sino también el día 30, vestidos para la ocasión, con sus pelucas de colores, sus uvas y su champán, y participar en el simulacro de Nochevieja como si realmente fuese Nochevieja. Teniendo en cuenta que al día siguiente va a ser Nochevieja de verdad, tiene mérito. Como decía Sol, nos pega mucho ese empeño por prolongar la fiesta todo lo prolongable, hacia delante y hacia atrás en el tiempo. Pero además, también es un fenómeno de lo más moderno en esta era digital y de múltiples opciones donde puedes elegir hasta el momento en el que quieres que pasen las cosas. El otro día me contaban ante mi asombro de atea tecnológica que con los grabadores digitales puedes por ejemplo, si estás viendo un partido de fútbol y te llaman por teléfono, ponerlo a grabar, atender la llamada, y una vez que cuelgas cinco minutos después, reproducir el partido desde el momento en el que lo dejaste, pero además seguir grabando y reproduciendo a la vez, de modo que ves el partido entero con 5 minutos de diferencia con respecto a la realidad, los 5 minutos que necesitabas para tu llamada. Supongo que si todo el mundo hace eso llegará un momento en que los goles se celebrarán con pitidos totalmente descoordinados y será un infierno desconcertante para los no futboleros, pero ése es otro tema que habrá que solucionar en un futuro. El caso es que yo estoy chapada a la antigua y lo que entiendo es el VHS porque le das para adelante y avanza y se nota porque ves el trozo de cinta cada vez más gordo en el lado de la derecha, creo que es porque soy lineal y evolutiva, pero resulta que el mundo es cada vez más digital y difuso y sus miles opciones paralelas y simultáneas me dan vértigo, me fastidia profundamente ese afán por la flexibilidad.
¡Yo quiero que todos celebremos la Nochevieja el 31, como está mandao!
He dicho.
Pero en fin, habrá que amoldarse, ¡feliz año! cuando quiera que haya empezado…