sábado, diciembre 24, 2005

Feliz Navidad

Queridos comensales míos, parece que la armonía de estas señaladas fechas ha calado también en esta cocina y su dilema de los jueves: estamos de acuerdo en casi todos los minidilemas propuestos. Así pues reina la paz y la felicidaz en nuestra cocina que es navideña y está llena de bolas y espumillón y un belén y un abeto y luces de colores y flores de pascua. Todos nos sentamos juntos y comemos polvorones mientras comentamos que no nos ha tocado ni la pedrea pero no nos importa porque es Navidad y tenemos salud y amor, y polvorones. Y esperamos con impaciencia que llegue esta noche porque preferimos la Nochebuena a la Nochevieja, aunque la Nochevieja también nos gusta, especialmente si son Anita Obregón y Ramontxu quienes nos desean feliz año, un año que sabemos que va a ser mejor que 2005 porque al menos no rima con nada. Y el día 1 por la mañana con una manzanilla veremos el concierto de año nuevo y los saltos. Y durante la semana siguiente estaremos espectantes y consumistas, hasta que finalmente el día 6 podamos abrir los miles de regalos de diferentes tamaños y paquetes que nos han traído los Reyes Magos.
Os deseo feliz navidad a todos.

jueves, diciembre 22, 2005

Dilemas navideños

Navidad, navidad, dulce navidad… Qué os voy a contar que no sepáis ya. En estas fechas de paz y amor más que nunca hay divisiones y dilemas, y es que la Navidad tiene tantos detractores como defensores. Los detractores afirman que la Navidad no es más que una excusa para dar rienda suelta al consumismo desenfrenado; que es hipócrita pretender ser bueno sólo unos días al año; que el gordo nunca toca, o nunca te toca y que es un sacacuartos; que las fiestas de Nochevieja son caras y te obligan a pasártelo mejor que nunca con menos ropa que nunca; que la iluminación es hortera; que parece que tienes que cenar o tomarte una copa con todo el mundo que conoces remotamente antes del 31; que después de ver a tu familia cuatro veces en 15 días, cuando normalmente les ves una vez cada tres meses, te caen aún peor; y que los polvorones no le gustan a nadie. En cambio los defensores piensan que mejor que la gente sea buena unos días al año a que no lo sea nunca; se benefician de la exaltación consumista, porque a los amantes de la Navidad les gusta consumir; intercambian lotería y se emocionan cuando el niño de San Ildefonso canta el gordo; van a ver la iluminación y les parece poca y sosa; se comen cada día un polvorón con el café; esperan ansiosos la reposición de La princesa prometida, Sonrisas y lágrimas y Lo que el viento se llevó; escriben la carta a los Reyes Magos y la cuelgan en la nevera; y desean feliz año a todo aquel con el que se cruzan hasta el 15 de enero. Yo, sin que sirva de precedente, me voy a mojar hoy la primera respondiendo a ciertas voces disidentes que leen este blog y que me acusan, que se atreven a acusarme diría, de tener morro por ser la última en opinar los jueves: soy navideña hasta los tuétanos. ¿Y vosotros?
Y, ya que estamos de jueves, y dado que seamos detractores o defensores nos vamos a tener que tragar todos las Navidades igualmente, ayudadme comensales de mi cocina a dilucidar algunos de los grandes dilemas navideños: ¿polvorones o turrón? ¿Papá Noel o Reyes Magos? ¿Nochebuena o Nochevieja? ¿Muchos regalos o uno solo pero grande? ¿Chocolate con churros a las 8 de la mañana el día 1 o ver el concierto de año nuevo y los saltos? ¿Ana Obregón o Ana García Señeriz retransmitiendo las campanadas? ¿especiales casposos o resúmenes del año?

miércoles, diciembre 21, 2005

Los momentos de (Y): el momento Jordi Hurtado

El otro día (Y) y yo estábamos nostálgicas. Sentadas delante de una caña, y no de un Cosmopolitan, tuvimos la típica conversación profundilla de pacotilla sobre las personas que pasan por tu vida como ciclones y que durante un tiempo parecen imprescindibles porque se expanden y ocupan horas y horas de pensamiento y dedicación, pero que al final, y aunque te parezca imposible, desaparecen. Decíamos por un lado que menos mal y gracias a dios, pero por otro, que en el fondo era triste comprobar una y otra vez que nadie es tan importante. También decíamos que hay veces que esa superación se produce de forma lenta y sutil y que simplemente una mañana te levantas y esa persona ya no está en tu vida, o al menos no lo está todo el rato, pero otras veces se produce una especie de epifanía, una antirrevelación, se hace la luz, y chan-chan cae el pedestal. Es lo que (Y) llama el momento Jordi Hurtado y a continuación narraré el porqué de este nombre. En sus tiempos mozos (Y) era cínica y no creía en el amor, más que nada porque le había ido mal en el amor y cuando te ha ido mal en el amor queda mejor decir que no crees en el amor a decir que simplemente te ha ido mal. (Y) tenía un pretendiente que no le gustaba mucho, pero como había decidido que el amor no existía y que que te pusiera alguien sólo era cuestión de ponerse, quedaba con él todas las tardes y se aburría como una ostra intentando con todas sus fuerzas sentir algo por su pretendiente. Así estaban las cosas hasta que una noche (Y) salió de marcha con una gente extraña y conoció a H, el Hombre. El mundo se paró, pusieron su canción favorita en el bar, un foco les iluminó y se produjo lo que a (Y) le pareció una conexión sideral y a H seguramente no más que una conversación banal. Desde esa noche (Y) volvió a creer en el amor y tuvo un nuevo objetivo en la vida: ligarse a H. Recurrió a todo tipo de tretas, se hizo amiga de los amigos de H, que eran terribles; se hizo fan de los grupos que le gustaban a H; como H era marchoso, se convirtió en la reina de la noche, (Y), ¡que es lo más parecido a una enferma de narcolepsia que conozco!; y nos dio tanto la murga con H que H ya parecía como de la familia. H era un tío bastante majo, muy divertido, monillo, aunque no imponente, y muy tonteón, pero tenía un gran fallo: ¡H era un social! Tenía miles de amigos y siempre estaba rodeado de gente que le invitaba a todo tipo de eventos y fiestas, eventos a los que también acudía (Y), que empezaba a estar agotada y harta de no poder ligarse a H porque ligar con público es imposible. H le hacía bastante caso a (Y), no os creáis, pero la cosa no acababa de cuajar y (Y) empezó a aburrirse de tanta dedicación así que una noche decidió a las 3 de la mañana que se iba a dormir porque total por un día que no lo diera todo... Ay amigos, (Y) se olvidó de la gran norma del ligue: si uno quiere ligar, ¡no se puede ir a casa hasta el final!, hay que aguantar como sea, tómate un Red Bull, tres cafés dobles, métete un tripi, tú verás, pero hay que estar. Esa noche H ligó con otra que sí se quedó. Y entonces empezó el sufrimiento de (Y) y la divinización de H, que si ya era maravilloso cuando era posible, como imposible se convirtió en un dios. (Y) penaba y mucho, pensaba que H era el hombre de su vida y lo había dejado escapar, y nos daba, de nuevo, la murga. Hasta que un día, viendo Saber y Ganar, de repente, Jordi Hurtado le resultó familiar, esos gestos, esa sonrisilla simpaticorra, ese toniquete al hablar, pero a quién le recordaba, a quién... ¡A H! Jordi Hurtado era idéntico a H nada más que con gafas y pelo rizado, ¡Jordi Hurtado era el Mr.Potato de H! Y así fue como (Y) superó a H, porque una no puede beber los vientos por Jordi Hurtado, no es serio.

martes, diciembre 20, 2005

La felicidad no da conversación

Esta teoría, una de tantas que caerán por su propio peso que es leve, la elaboré cuando descubrí que todos los novios de mis amigas me caían mal de oídas, pero que luego al conocerles me sorprendía que no fuesen tan sosos, bordes, broncas o pedorros como mi mente calenturienta se había imaginado, sino bastante majos. Al principio simplemente pensé que era todo culpa de mis terribles prejuicios, de los que en un futuro cuando tengamos más confianza hablaré; pero un día reflexionando en el 133, que es mi retiro de elucubración habitual, y es que el trayecto da para tratados y tratados, si estáis faltos de inspiración no lo dudéis, ¡coged el 133!, llegué a la conclusión de que la razón de la imagen errónea que me hacía de los pobres muchachos era que mis amigas sólo me hablaban de ellos largo y tendido cuando les iba mal, cuando tenían una bronca o cuando estaban en crisis. Pero si estaban felices como perdices eran muchísimo más parcas y no me contaban casi nada. Y así di con la siguiente verdad irrefutable a bordo del 133: es maravilloso que te vayan bien las cosas, pero no da tema de conversación. Las conversaciones más cortas son las que mantienes con la gente feliz. ¿Qué tal? Muy bien, estupendo, el trabajo bien, mi novio me quiere, yo le quiero a él y han repuesto mi serie favorita en la tele. Punto pelota. No sé por qué pero los detalles de la felicidad no interesan, quizás es que los adjetivos que se le pueden aplicar son todos parecidos, carentes de matices, o tal vez es que simplemente no hay mucho que decir. El caso es que la felicidad es aburrida para el oyente, qué se le va a hacer, se alegrará por ti, con suerte, pero le pareces un coñazo tremendo. En cambio, la tristeza, la desazón, la polémica, la tensión, ay amigos, ahí está la vidilla de la vida, valga la redundancia, ¡la de horas que se le pueden dedicar, la de entretenimiento que conllevan! Es mucho más divertido leerse una crítica mala de una peli que una buena, es mucho más entretenido escuchar a alguien despotricar que alabar; y además en cualquier desahogo o quejido puedes participar y opinar, porque de la tristeza o la rabia siempre se puede hablar, de hecho se te exige que digas algo, que intentes comprender y resolver; pero si alguien es feliz y te lo cuenta tú no tienes nada que hacer, eres un mero espectador y estás excluido: lo único que te queda es envidiarle hasta los tuétanos, que ésa es otra, cuando la vida le sonríe demasiado a alguien, es irritante, y aquéllos que logran describir su alegría infinita resultan superiores, pedantes, y el que escucha no puede evitar pensar que le están dando lecciones de lo que debería hacer para ser como ellos. Porque no es jueves, y porque la respuesta es evidente, que si no os plantearía el siguiente dilema, ¿qué es mejor, ser feliz o ser el entretenimiento de tus amistades? Por si alguien aún lo dudaba, la respuesta es b), porque ¿quién quiere ser aburrido?

lunes, diciembre 19, 2005

Triunfo del deportista

Queridos todos, lamento el retraso en el recuento de votos de esta última edición del dilema, he estado muy ocupada entrenándome con frenesí para atenuar el efecto sonrojante que le produciré a mi futura pareja imaginaria deportista; porque esta cocina una semana más se ha decantado por la opción más masoquista y sufridora, dejando de lado al cantautor, que ahora solitario estará componiendo maravillosas baladas al desamor y a la ausencia de su amada cocina perdida. Esta cocina ha decidido que prefiere avergonzar y recordad que lo del deportista no era más que una metáfora. Es decir, esta cocina está dispuesta a sufrir todo tipo de vejaciones. Por ejemplo, pongamos que esta cocina sale con un modernuki pero no tiene ni puñetera idea de música, de hecho la sintonía del coche de esta cocina es los 40 principales, pero cosas de la vida, esta cocina se liga a un modernuki con malas artes, y esta cocina asiste con su modernuki al concierto del grupo más modernuki del momento, por ejemplo Franz Ferdinand, y cuando está delante de todos los amigos modernukis de su ligue modernuki esta cocina va y dice “chicos, ¿a quién preferís del dúo, a Franz o a Ferdinand?". Y se produce un silencio tal que ni la canción más estruendosa de Franz o de Ferdinand podría disimular. O por ejemplo, caso verídico de una gran amiga que mantengo en el anonimato por temor a represalias, nos intentamos ligar a un intelectualoide, craso error pero es que pasamos por una mala fase, y nos estamos tomando un café intentando deslumbrarle con nuestra culturilla de pacotilla cuya principal fuente es el país semanal, y nos ponemos a hablar de cine clásico, y dando una calada interesantona a nuestro cigarro soltamos “gran peli, el submarino apotheke” cuando queríamos decir el Acorazado Potemkin. O hablando de cine moderno, y este caso también es verídico pero le pasó a otra amiga diferente (dios las cría ellas se juntan...), “ah, sí Dolls de Kitano, bonita peli, qué sensualidad oriental, ¿y de quién es?". ¿De qué color era el caballo blanco de Santiago?, contestó él. Bien, que sepáis que eso es lo que hemos votado, se me ocurren ejemplos avergonzantes sin fin, pero lo dejo aquí, que me estoy mareando. Y para colmo nuestro deportista avergonzado es enfadica, así que encima al final de la cuesta, ¡nos caerá bronca por no estar en forma! Chicos, ¿qué va a ser de nosotros? Me preocupáis, y me incluyo, nos preocupamos…

jueves, diciembre 15, 2005

El dilema de los jueves: ¿qué es peor, recibir un e-mail sonrojante, o enviarlo?

Tras una semana de descanso del dilema espero que estéis todos con fuerzas para ser radicales sin pudor una semana más. Echemos imaginación y recopilemos: tenemos de momento una pareja enfadica y fascinante y un hijo malabarista; pero no corramos tanto, el hijo y su bongo aún están por llegar, y nosotros nos encontramos en una fase digamos intermedia de nuestra relación con el/la enfadica fascinante. Tras los primeros meses de efusión y entrega generosa de la última croqueta a nuestro nuevo amor, la fascinación empieza poco a poco a evaporarse, y aunque le tenemos cariño a nuestro Lord Chungo, comenzamos a verle de una forma más realista, más o menos como le ven los demás, y lo que quizás es peor, él a nosotros también. Esta fase coincide además con la salida a escena de nuestra relación, los primeros planes comunes, las primeras presentaciones, los "vente al cumpleaños de mi amigo patatito”. Es el momento en que termina el disimulo y el teatrillo de la conquista en el que has dado tu mejor cara (qué agotamiento de fase la del teatrillo, por otro lado) y también es el momento, que puede ser fatal, del intento de hermanamiento de aficiones, aficiones que quizás hasta ahora se han mantenido ocultas por vergonzosas, o que aunque se conocían, nunca se habían compartido o presenciado; y es, en fin, el momento en el que dado que tu pareja ya se considera socialmente TU pareja, y tú la suya, debes responder de él/ella ante el mundo y viceversa. Este momento es difícil porque es un momento impass, es la tierra de nadie, el punto medio entre la fase-fascinación y la fase-la-confianza-da asco-y-ya-hasta-puedes-pasearte-en-bata, y si somos unas malas personas como creo que somos, o al menos yo soy, y fijo que el Lord Chungo lo es también, en este momento impass puede aparecer el sentimiento de vergüenza, y ésta es la dicotomía de hoy. Para esclarecerla aún más, un ejemplo práctico. Pongamos por caso que tu casi-recién estrenada pareja te pide que le vayas a ver a una "actuación”, porque hasta ahora no te lo había confesado, pero algo te olías que una no es tonta, es… ¡cantautor! o, lo que podría ser incluso más terrorífico... ¡cuentacuentos! Ser cantautor o cuentacuentos no es malo en sí (no quiero ser musa de foros de cuentacuentos), pero ¿y si es tu pareja la que se sube a un escenario con un jersey de cuello vuelto y guitarra en mano empieza a cantar a los amores perdidos y la playa bajo los adoquines, o a declamar a Benedetti, y tú estás en primera fila haciendo de novia de España sentada en una silla incómoda de café de cantautor, delante de una minimesa de mármol de café de cantautor, donde apenas cabe tu whisky doble, y tienes que poner algún tipo de cara especial de "ay, ¡qué bien canta mi chico, es un poeta!” pero en el fondo lo que quieres que se te trague la tierra porque te mueres de vergüenza? O, de nuevo dejemos volar nuestra imaginación, supongamos que nuestra pareja está como un tren. Ay, qué bonito. Bien, nuestra pareja está como un tren y hasta ahora pensábamos que era cuestión de genética, pero no, resulta que nuestra pareja, castigo divino, ¡es deportista! Y por supuesto nosotros no lo somos, y no sólo eso, sino que en el cole suspendíamos gimnasia y nos ponemos rojos en cuanto damos tres pasos ligeros y estamos feísimos en chándal. Pero eso tu pareja no lo sabe, y como todo deportista es proselitista por definición, llegará el día que entre cucharada y cucharada de muesli (sí, también come muesli, perdón, es que está como un tren, ¡algo tiene que tener!) te convenza de que le acompañes a hacer deporte. Y entonces, tras cinco minutos de footing, o de peloteo en la cancha, tu pareja, que estará divina de la muerte porque tras años de deporte ya no suda y se tiene estudiado el look, te mirará y te verá todo glamour con tu chándal de BUP echando el bazo delante de los demás deportistas del lugar, y se avergonzará y querrá salir corriendo, y quizás lo haga, porque él es deportista y puede. Así que chicos, visto lo visto, cuál pensáis que es el mejor de los mundos posibles, ¿una pareja con veleidades artísticas que te dedique una canción o un cuento mientras tú te tapas hasta los ojos con la bufanda progre estilo chador buscada para la ocasión, o una pareja deportista que enrojecida no del esfuerzo aeróbico, sino de la vergüenza, no comparta ni entienda tu flato? Avergonzarse o avergonzar, Cantautor vergonzante vs. Deportista avergonzado, he ahí el dilema…

lunes, diciembre 12, 2005

Gab is back

He vuelto, ya estoy sana y salva al calor de mi hogar y bajo las reconfortantes ondas de mi ordenador. Como siempre he llegado con la sensación de que he encontrado mi casa de milagro, porque cuando uno vuelve a Madrid de viaje en coche y ya casi piensa que está aquí, y empiezas a imaginarte la cenita que te vas a hacer, y a hacer una lista mental de las abuelas a las que tienes que llamar, cuando estás confiado porque todo el rato en los carteles de la autopista pone Madrid y los kilómetros que faltan son cada vez menos, y parece que todo va a ser fácil y que lo único que tienes que hacer es seguir recto, entonces, llega el caos, el momento de la entrada en Madrid y de las decisiones trascendentales que has de tomar en centésimas de segundo sobre las miles de direcciones, radiales, circunvalaciones, etc que ponen a tu disposición esas mentes retorcidas que son los ingenieros de caminos de España. Bien, la primera decisión por la que hemos optado con empuje ha sido coger la radial, que yo me la imagino como un radio de rueda de bicicleta enorme y que está solitaria porque todo el mundo pasa de pagar el peaje menos nosotras; y es que a nosotras nos gusta ser las amas de la pista y nos mola la sensación de protagonizar el esperado remake de El diablo sobre ruedas. Tras unos 40 km de calma, y de dejar a nuestra derecha lugares míticos como Pinto y Valdemoro, chan, chan, de nuevo grandes momentos de tensión. Se acaba la radial y tienes que optar por Madrid-Córdoba o Madrid-Toledo, un dilema de los jueves versión road-movie. Pero vamos a ver, ¡y Madrid-Madrid qué! Si ya hemos dejado atrás Toledo, y Córdoba ni te cuento… Pas de panique. Optamos por Madrid-Toledo, porque Córdoba nos suena lejísimos, y seguimos palante. En unos metros, de nuevo dos carteles azules gigantes inquietantes. Uno pone Madrid-Getafe. Ése no lo cogemos porque aunque Getafe ya es Madrid, nos viene fatal, el cinturón sur nos produce entre admiración y miedo a lo desconocido, y porque además con el otro parece que nos mojamos menos y podemos prolongar la agonía. El que cogemos pone: Valencia-Valencia M-50-M-40-M-31 A6, A5, A2, A1 y un simbolito de un avión y un simbolito de una esfera con colorines dentro. Genial, al menos lo de Valencia está claro y parece que estamos en la M-50, chicos, la M-50 existe. Pero no nos gusta porque si apenas hemos alcanzado a comprender la M-30, la M-50 ni te cuento. Así que en cuanto podemos nos metemos a la M-40, que está un poquito más cerca. De hecho nos metemos por una salida que pone M-40 y M-31. ¡¡¡¡M-31!!!! ¿Pero eso qué es? Yo me la imagino como el piso 7 y 1/2 de Being John Malkovich, o como el andén donde coge el tren Harry Potter, una especie de dimensión M paralela. Y creo que no existe, al menos para los mortales con poca imaginación como yo. Desde luego no la hemos visto, nos hemos quedado en la M-40 a la espera de que apareciese la M-30, el siguiente escalón del camino a casa. Yo temblaba al volante porque con las eMes tengo una relación de odio, directamente. Nunca las he entendido ni nunca las entenderé, una carretera en la que una opción es Todas direcciones no puede ser seria. Una vez me puse a dar vueltas como una peonza en la M-40 y cuando llamé a mi hermano para pedirle ayuda al borde del llanto y le grité ¿pero a dónde tengo que ir, cuál es la salida? mi hermano me dio una sabia lección, no sólo para las eMes, sino para la vida en general. Me dijo: antes de saber hacia dónde vas tienes que saber dónde estás, porque dependiendo de dónde estés tendrás que ir hacia un lado u otro. Qué sabias palabras, ¿será la vida tan complicada como las eMes? Porque anda que no es difícil saber dónde estás. En fin, no sé si en la vida terminaré por encontrar mi salida de la eMe, pero esta noche ha habido final feliz: tras unos instantes de incertidumbre, he reconocido un cartel y he logrado llegar a mi casa y lo que es más importante, llamar a mi abuela.

martes, diciembre 06, 2005

Cerrado por vacaciones

Con este mini-post me despido por unos días porque mañana me voy de vacaciones. La verdad que no debo haber asumido muy bien que ahora soy un espíritu libre, que no me rijo por las fiestas y puentes de los mortales oficinistas, que para mí ya no existen los domingos ni las fiestas de guardar, porque me voy con la masa a celebrar la inmaculada. Si cuando digo que me encanta ser masa…
En fin, el caso es que me apetece irme y me voy, en tren, rumbo al sur, a Ronda para ser exactos, ciudad con la plaza de toros más antigua de España y el corazón de Orson Wells. Ahí queda eso. Y durante todo el tiempo que esté fuera no me acercaré a internet. Dios mío, lo digo y no doy crédito. ¿Lograré vivir una vida no virtual plena? ¿Existe tal cosa? ¿¿¿¿¿Cómo lo hacíamos antes?????
Un abrazo a todos. A la vuelta más, prometo post antropológico sobre señores andaluces desdentados, que me dice anonadada mi contacto en la Serranía que abundan en los pueblos de la zona. Sé que os va a costar esperar.
Ah, y esta semana descansamos de dilema. Coged fuerzas para decidir más y mejor a la siguiente.

domingo, diciembre 04, 2005

Post-fiesta de empresa

¿Se puede sobrevivir a una fiesta de navidad de empresa de una empresa que ya no es tu empresa? La respuesta es sí. El viernes por la noche, como muchos sabéis, mi ex-empresa celebraba la navidad y como lo nuestro ha sido una separación amistosa y seguimos "colaborando" y además ya es navidad, época de fraternidad y compasión, pues me invitaron. Y yo tenía que ir, cuestión de diginidad: ellos tienen mi dignidad, me la compraron por 5000 euros, y está bien seguir en contacto con la diginidad de una, a ver qué tal le va. Así que allí que me planté muy puntual y a pelo, es decir, sin haber quedado con alguno de mis aliados previamente, así soy yo, una valiente de tomo y lomo. Las fiestas de empresas, como dice mi gran amigo Simbiótico que también estaba allí, son como el busca minas, uno se pasa toda la noche evitando con cuidado extremo a gente que te puede amargar la velada dándote la plasta durante horas, no te puedes permitir un paso en falso, es muy importante estudiar las posiciones y los grupos nada más llegar, porque de la decisión de dónde tomarte el primer cánape depende el resto de la noche. La estrategia de Simbiótico fue acodarse en la barra y no moverse de allí, pero claro, Simbiótico, mi tabla salvavidas, llegó tarde comme d´habitude porque él es un enfant terrible, y hasta entonces yo me tragué bastantes minas. Primero saludé a mis jefes que muy efusivos y pletóricos me preguntaron cómo me iba sin mi dignidad y sin madrugar. Con mi mejor sonrisa les dije que no me podía ir mejor, que menudo peso me habían quitado de encima comprándome la dignidad, con lo que estorba. Después de pasar por el trago, me junté con el populacho. Todo el mundo me miraba con cierto aire de condescendencia y me decían que me envidiaban, pero no lo pensaban. Muchos quisieron cotillear sobre los datos escabrosos del despido, y yo les di el gusto. Ante mi narración me dieron consejos y palabras de aliento, ellos no saben que los consuelos no me consuelan, e incluso alguno elaboró teorías conspiratorias, y es que hay gente que siempre tiene teorías conspiratorias para todo "no te fíes, no es verdad, patatita te pone la sonrisa pero te da el hachazo por la espalda, zutanito te habrá dicho esto pero vete tú a saber". Yo nunca tengo teorías conspiratorias para nada, como dice un amigo mío, soy un alma de cántaro, pero tampoco me animan, me dejan con mal cuerpo. Aunque el mejor comentario fue de una de las excompañeras que también tiene la espada de damocles sobre su cabeza, me dijo: "tú, como yo, eres un espíritu libre y aquí no les gustan los espíritus libres". Madre mía del amor hermoso, un espíritu libre, ¡habrase visto! Yo que me enorgullezco de mi abrumadora normalidad, que lo que quiero es ser masa porque como dice movistar si somos más pagamos menos, y resulta que ahora soy un espíritu libre, a estas alturas, menuda mierda. En fin, menos mal que a eso de las 11 empezó la barra libre que sólo duraba una hora y todos se emborracharon como hooligans y dejaron de hablar, menos Simbiótico y yo, que sentados en sendos taburetes despellejamos a diestro y siniestro y sacamos parecidos razonables a los presentes, mientras la cosa se desmadraba gradualmente. El informático acabó sin camiseta, la trepa-monina se dedicó a echarnos hielos por el escote a todos ante nuestra estupefacción, el jefe bailó shakira, y todos ellos formaron una especie de corro de la patata al que sólo le faltaban los bolsos en medio. Y yo en un desesperado intento de dejar de ser espíritu libre, de formar parte del todo otra vez, también terminé bailando, de hecho me fui la última, menos mal que me han echado, llego a ser parte del personal y sigo allí, y luego dicen que no soy masa...

viernes, diciembre 02, 2005

Se impone el malabarista

Esta cocina ha decidido y esta cocina se me rebela. Empiezo a pensar que a pesar de tanto repetirlo, ¡tampoco mando aquí! ¡Pero qué tengo que hacer para mandar en algún lado! Se ha impuesto el malabarista por mayoría absoluta. Y como en este glob reina la transparencia, os diré que los únicos que hemos votado al pobre tuno hemos sido la familia f. y una servidora. Familia f: vayámonos juntos a la próxima convención sevillana. En fin, que los comensales han elegido al hijo rasta y malabarista al que tendrán que zarandear y sacudir el polvo de las rastas cada dos por tres, menos mal que como uno de los padres será enfadica, lo hará con mano dura. Allá vosotros, con lo amenas que son las Navidades con un hijo que sepa entonar y animar el cotarro con su mandolina, que ya me diréis el diábolo para qué vale, como no sea para romper la foto de boda de vuestros abuelos…
Muchas gracias por participar a todos, con vuestras opiniones, traumas (exnovias tunas, convenciones bajo el balcón) y aportaciones varias (otros juegos crueles, etc…) y especialmente un aplauso por su valentía a nuestro comentarista tuno ex-malabarista, ese hombre con pasado turbio, y qué pasado, y lo que es más complicado, con presente también turbio, que se ha atrevido a aparecer en este entorno tan hostil.
Y con esto os dejo porque me tengo que preparar para un momento mastercard cara a 30 personas, sí señores, hoy es la fiesta de navidad de mi exempresa y como no les he mandado a la cápsula me han invitado así que allá que me voy con mi cutis terso de no madrugar, libre de toda ojera, y con la misión de demostrar que lo mejor que me ha podido pasar en la vida laboral es que me dejaran y que ante todo se crean que seguimos siendo amigos, que una tiene su diginidad. Mañana os cuento.

jueves, diciembre 01, 2005

El dilema de los jueves: ¿Qué es peor, un hijo tuno o un hijo malabarista?

Por fin jueves. Como ya sabéis los jueves esta cocina suda sangre obligada a elegir entre dos opciones radicalmente opuestas y por lo general poco apetecibles. En ediciones anteriores de esta sección, tras sonados debates, hemos decidido entre todos que esta cocina quiere una pareja fascinante y enfadica. Con semejante elección los hijos de esta cocina y su media croqueta nos van a salir finos. Pero, amigos, lo bueno que tiene este mundo virtual es que aquí mando yo, je, je, siempre he querido decir esto, así que cual científicos de la secta de los raelianos se nos da la gran oportunidad de decidir, si no el sexo de nuestro futuro retoño, parte de su idiosincrasia.
Y he aquí el dilema de mala malísima que soy que os planteo: si pudierais elegir entre estos dos abominables prototipos de la escena universitaria española, con cuál os quedariais, ¿con un tuno rancio, engominado, estudiante de derecho que entonase clavelitos como nadie, vestido en sus ratos de ocio con camisa del caballito y náuticos, fan de Siempre Así y de la Feria de Abril, esquiador en Sierra Nevada, de esos que llevan un toro de osborne en el coche y una banderita de España, y que siempre están contentos y tienen gracejo y morro y copian en los exámenes a sus encandiladas compañeras perlonas y les encantan a las abuelas, o, un empanado de Filosofía y Letras que en los 8 años que lleva en la facultad ha aprendido a manejar todo tipo de malabares, viste con el mismo pantalón de pijama de rayas moradas desde tiempos inmemoriales, se manifiesta por todo a todas horas, aunque sin mucho ímpetu porque está emporrado, lleva jerseys de lana sin tratar que apestan, come siempre de táper y, horror, vegetariano, considera a todo el que no lleve rastas un asqueroso capitalista, nunca ha ido a una sola clase, de hecho corren rumores de que ni siquiera está matriculado y toca los bongos continuamente y muy mal? La suerte está echada, Tuno vs. Malabarista, que gane el mejor.