miércoles, noviembre 30, 2005

La noche de amor de Federico

Hace unas semanas comí con Bell, que tenía mucho que contar, porque Bell se está enamorando. Conoció al objeto de sus desvelos este verano en un lugar exótico y desde entonces han entablado una especie de relación platónica virtual, de esas que son tan habituales hoy en día (habrá que escribir sobre eso), vía email y teléfono, porque él no está aquí. Durante todo este tiempo la cosa ha sido idílica porque era imaginaria, y ya se sabe que la ficción supera a la realidad la mayoría de las veces, sobre todo si tienes una imaginación portentosa y una realidad gris, que suele ser el caso. Pero ahora Bell está nerviosa porque Mr.Choux quiere salir del mundo virtual, hacerse carne y venir de visita, y Bell, presa de un ataque de pánico, me decía que a pesar de que el objeto de sus desvelos desde luego la desvela, casi prefiere que la cosa se quede eternamente en ese estadio potencial del “podría ser que” que es cuando las cosas son bonitas y perfectas y nunca cambian ni se estropean, simplemente porque no son. Y yo me acordé de un cuento de Ítalo Calvino dentro del libro Los amores difíciles. El cuento se llama La aventura de un viajante y durante diez páginas narra con todo lujo de detalles el viaje en un tren nocturno de Federico en pos de Cinzia U., su novia que vive en la otra punta de Italia. Federico es interrumpido por revisores, otros viajantes pesados, altos en el camino, pero todo le da igual y a todos mira por encima del hombro porque en su cabeza está ya con Cinzia y la realidad no le toca. El lector espera impaciente el encuentro con su amada, el momento en que toda la fantasía se haga realidad, pero cuando finalmente el tren llega a Termini el cuento termina con esta frase alucinante: "él estaba ya en la tensión de los días que pasarían juntos, en la afanosa guerra de las horas, y comprendió que nunca lograría decirle nada de lo que había sido para él esa noche que ya se le iba desvaneciendo, como toda perfecta noche de amor, ante la cruel irrupción de los días". Y el lector se da cuenta de que ha asistido a una perfecta noche de amor, que no es la que uno pasa con el objeto de sus desvelos, sino la que pasa pensando en él.

martes, noviembre 29, 2005

Parada de anécdotas

El viernes pasado fui por tercera vez al Inem. Cada vez que vas al Inem estás totalmente seguro de que esta vez será la definitiva, de que no tendrás que volver, de que por fin serás capaz de presentar todos los papelitos con todos los datos adecuados y todo será maravillosamente perfecto. Pero nunca es así, uno siempre tiene que acabar volviendo al Inem, porque siempre falta un pequeño detalle para alcanzar la perfección burocrática. Me pregunto si los del Inem, además de buscarnos trabajo con la eficacia que les caracteriza, pretenden transmitirnos algún tipo de enseñanza vital a través de este eterno retorno a sus oficinas en busca de la perfección. El caso es que allí estaba yo con todo el optimismo que últimamente he decidido adoptar, esperando pacientemente mi turno, segura de que hoy sí que sí, es la definitiva. Por fin me tocó con una chica bastante maja que fue cogiendo todos mis papeles con parsimonia. Y de repente en mitad del proceso me dice “coge tus cosas, al menos tu abrigo, porque vamos a hacer un simulacro de incendio a ver si somos lo suficientemente rápidos en desalojar el edificio”. Yo pensé, qué ironías de la vida un simulacro donde hay que demostrar rapidez y eficacia en el Inem, como tengan la misma parsimonia que para atender a los parados nos quemamos todos vivos virtualmente. Y un poco alucinada de la situación, a la voz de “¡ya!” salí con los demás a la intemperie dejando mis cosas en la mesa de la chica. Y todos nos pusimos muy contentos porque sorprendentemente desalojamos rapidísimo. Volvimos a entrar, y la chica y yo retomamos nuestra tarea. Cuando ya por fin terminamos, al despedirnos va y me dice "qué gracioso lo del simulacro, mira qué bien, así tendrás algo que contar a tus amigos porque ahora que no trabajas ¡a ver de qué hablas!”. Y en ese instante cayó sobre mí todo el peso de mi nueva realidad, del drama al que me enfrento y del que no era consciente: el problema no es que ya no tenga contrato fijo, ni seguridad, ni que me tenga que buscar las castañas, no, el problema es que con esta nueva vida freelance, todo el día en casa, no voy a tener nada de que hablar, ninguna historieta que contar, ¡con lo que me gustan a mí las anécdotas, que a veces voy a por el pan sólo para ver si me pasa algo curioso en el ascensor! Así que con mi optimismo un poco machacado salí de allí y como bien predijo la chica, quemo mi último cartucho de anécdota cotidiana contándoos esto. Aunque quizás no sea el último, porque me faltaba un papelito y tengo que volver al Inem…

lunes, noviembre 28, 2005

Desconfío...

Esto os va a sonar a muchos, pero había que recopilarlo, por el bien de la humanidad, ya sabéis.

Yo desconfío profundamente de las personas que:

-declaran abiertamente y sin temor a represalias que les gusta madrugar.
-no admiten que les gusta madrugar y cuando les pillas madrugando y se lo echas en cara, como no puede ser menos, te responden “no, no te engañes, no me gusta madrugar, lo que me gusta es aprovechar el día.” Son madrugadores encubiertos, hay más de los que parece, tened cuidado.
- no estrenan las cosas nada más comprarlas. Doy un plazo máximo de 24 horas. Alguien que se compra algo que presuntamente le encanta, y lo guarda doblado con la etiqueta puesta en su armario durante meses, no tiene sangre en las venas y me resulta profundamente inquietante. Y al revés, las personas que se compran algo y se lo llevan puesto desde la misma tienda merecen mi amistad incondicional.
- han tenido una adolescencia feliz y sin complejos, o, lo que es peor, ligaban en la adolescencia. No es que desconfíe, es que directamente me parece que son de otro mundo.
Tengo que decir que tanto mi padre amantísimo como mi amiga Beb cumplen tres desconfíos (el primero y el segundo son excluyentes, que si no fijo que cumplían los cuatro). De momento confío en ellos porque les conozco desde siempre y parece que a pesar de los pesares son buena gente, pero no me extrañaría que saltara la liebre tarde o temprano…

Olg desconfía profundamente de las personas que:

- están demasiado delgadas.
- no se manchan cuando comen.
- no se arrugan a lo largo del día.

Mi excompañero de al lado en el trabajo desconfía profundamente de las personas que:

- se despiden de las conversaciones telefónicas diciendo Adiós, adiós, o lo que es peor Ciao, ciao. Según él repetir la despedida indica que estás deseando colgar, y si además en vez de adiós dices ciao, eres un guay que está deseando colgar.

Ulísex desconfía profundamente de las personas que:

- Utilizan la expresión “el sistema” en su discurso de forma habitual
- En un restaurante con una carta de más de 20 páginas, cuando llega el camarero piden algo que no está en el menú.

Si vosotros tenéis algún desconfío os ruego que lo aportéis, ayudémonos todos a sobrevivir en este mundo hostil.

viernes, noviembre 25, 2005

Aplastante mayoría de fascinados

Queridos comensales míos,
el dilema de este jueves se ha resuelto con mucha menos polémica que el del jueves anterior. Ha sido más fácil decidirse entre Conde vs. Párroco, que entre Mr.Soso vs. Enfadica. Y eso que para complicar la cosa se había planteado como un doble dilema ya que la elección del conde implicaba ser tú el párroco y la del párroco ser tú el conde. Pero esta cocina es sacrificada y prefiere por aplastante mayoría ser párroco si así consigue tener a un conde a su lado que le fascine y entretenga. Esta cocina renuncia a la genialidad y la gloria y elige ser la sombra de una cocina más fascinante. El problema es, como decía Clo, que hay demasiados seres deseosos de ser fascinados y muy pocos fascinantes, ¡los fascinantes, entre los que me incluyo, no vamos a dar a basto! Por otro lado y teniendo en cuenta que la semana pasada ganó el enfadica, de momento la pareja ideal de esta cocina es fascinante y enfadica, es decir, en las sabias palabras de laperri, un Lord Chungo que te cagas ¿somos un poco masocas? ¿tendrá esta cocina la suficiente estabilidad o como se dice vulgarmente, más moral que el alcoyano, para sobrevivir a una pareja así?
Yo sinceramente opino que siendo tú el fascinante las probabilidades de que te vaya mejor y seas más feliz son mayores, por eso voté por esa opción, aunque en realidad jamás he sido la fascinante. No es nada fácil ser el fascinado, tienes que ser muy seguro de ti mismo para no acabar acomplejado por tanta fascinación.
Como siempre, y dado que ya es viernes y que podemos volver al asqueroso y virtuoso punto medio, lo mejor el equilibrio. Alguien que te fascine pero que también te admire, aunque sea por tus increíbles conocimientos de las voces de doblaje de todas las series de los 80 (la de la madre de los problemas crecen es la misma que la de la profe de sensación de vivir, etc).

jueves, noviembre 24, 2005

El dilema de los jueves: ¿Qué es mejor, recibir un e-mail fascinante o escribirlo?

¡Ya es jueves! Después de toda la semana sufriendo los problemas de una vida marcada por la tolerancia y los abanicos de posibilidades por fin durante 24 horas podemos comportarnos como Tigres, Tigres, Leones, Leones, y yo, tan contenta, haciendo de Torrebruno. El dilema de hoy, como ya he adelantado en los comments de post anteriores, está basado en el maravilloso mundo de las novelas de Victoria Holt, una prolífica escritora de medio pelo heredera de Jane Austen y las hermanas Bronte que marcó mi dura adolescencia, junto con las pelis de Michael J. Fox, pero eso es otro cantar. Los libros de Victoria eran novelas históricas de amor enmarcados en muy diferentes épocas. Los que me interesan y sirven para este post son los que transcurrían en la época victoriana. En ellos, la protagonista era una pobre, lista y casta institutriz que además era muy guapa, pero no lo sabía porque nadie se lo había dicho nunca y siempre iba vestida de institutriz. Las jóvenes lectoras como yo nos identificábamos enseguida con la prota porque nadie nos había dicho nunca que éramos guapas y así nos quedaba la esperanza de serlo y no saberlo. La trama solía consistir en que la institutriz empezaba a trabajar cuidando a la hija díscola de un conde viudo, atractivo, inteligente y atormentado (sí, igualito a Jane Eyre). Ella, totalmente fascinada por el conde, no era capaz de mostrarse todo lo lista y todo lo guapa que era y ante su presencia lo hacía todo mal. Paralelamente, nuestra institutriz conocía al joven y soltero párroco del pueblo (recordemos que en Inglaterra los párrocos se casan, yo como niña católica la primera vez que lo leí flipé) que era encantador, buena persona y agradable, que se hacía su amigo y ante el cual la institutriz sí podía desplegar toda su chispa y brillantez porque claro, no la fascinaba, sino, y ésta es la clave del dilema, que ella era la fascinante porque él la miraba con fascinación. Pasaba el tiempo y las páginas y por supuesto el párroco se enamoraba perdidamente de nuestra institutriz, pero al mismo tiempo el conde poco a poco empezaba a darse cuenta de que bajo esa apariencia feúcha había una guapa oculta (sí, es como Betty la Fea). Y de hecho hacia la mitad del libro solía haber un baile que daba el conde al que nuestra institutriz acudía con un vestido prestado que le quedaba de muerte dejando a todos boquiabiertos. El caso es que cuando quedaban 25 páginas el párroco y el conde se declaraban a la institutriz y aquí queridos está la maestría de la gran Victoria Holt, que no vivía siempre en jueves: cada vez se resolvía la cosa de una manera, unas veces se casaba con el párroco y otras con el conde.
Victoria Holt no se mojaba, pero nosotros sí, así de dura es la vida en este blog. Y es que éste es un importante dilema que debemos resolver, ya que si, como dicen algunos, el amor es un espejo, es decir te enamoras de la forma en la que el otro te ve; si el otro no te hace sentir seguro y no te gustas cuando estás con él/ella, mala cosa. Pero por otro lado hay gente que prefiere a alguien muy brillante y fascinante a su lado porque aunque le eclipsa, le llena completamente, le aporta mucho y es más emocionante. Así que lanzó mis preguntas al ciberespacio ¿qué es mejor, estar con alguien muy gracioso o con alguien que se ríe de tus gracias? ¿qué es mejor ser el que llega a casa subyugado por la emoción de haber pasado unas horas con alguien creativo y único, el fascinado, el que escucha y aprende, el gris, o ser tú el fascinante, actuar siempre con brillantez, llevar la batuta, ser el que manda, el que decide, el que propone, el alocado e impredecible, el genio, pero claro, porque estás con alguien que no te fascina? ¿con quién preferís estar, con un conde atormentado/una femme fatale o con un párroco afable/una buena chica? Recordad, si elegís al conde/la femme fatale, es que preferís ser los fascinados; si elegís al párroco/la buena chica, entonces preferís ser los fascinantes. Difícil dilema.

martes, noviembre 22, 2005

Jóvenes promesas y viejas glorias

Le caigo fenomenal a mi profesora de portugués. El primer día de clase sonó la flauta, yo estaba inspirada y entendí perfectamente un listening supercomplicado con acento carioca que no entendió nadie más. Además soy la única chica, voy siempre a clase y tengo pinta de aplicadita. Ésas creo yo son las razones detrás del evidente favoritismo que me tiene la profe, que falté un día y me llegó a decir delante de todos que me había echado de menos. Yo derretida claro, con lo susceptible que soy a que me hagan la pelota, ¡no he vuelto a faltar! Siempre que leo, o que hago algún ejercicio bien, me alaba exagerademente "Muito bem!!!!" Y cada vez que pone algún ejemplo positivo para ilustrar alguna enseñanza gramatical me utiliza a mí: Quando a Gabriela seja Ministra de Justicia… Y en estos momentos de mi vida en los que mi ego está en la UVI me hace muchísima ilusión que mi profe de portugués me crea digna de ser sujeto de una frase de subjuntivo posible. Pero por otro lado estoy agobiada por la presión, no quiero fallarla, no quiero que se dé cuenta de que lo de aquel listening fue fruto de la potra marinera, que en realidad soy un fraude y tengo la misma idea, o menos, que los demás. Esa sensación de ser un fraude la tengo a menudo. Es el síndrome de la Joven Promesa que pasó en un plis a Vieja Gloria, sin estadio intermedio, y suele afectar a aquéllos que éramos empollones de sobresaliente en el cole y que al conocer otros mundos descubrimos que no éramos más que del montón. El problema es que el Sanbenito de Joven Promesa ya lo tienes colgado por ejemplo en forma de tía abuela que cada vez que te ve te dice "Tú con lo lista que eres, ya verás, ya verás, como vas a triunfar". Y tú casi prefieres que no esperen nada de ti, para no decepcionar. Es horrible decepcionar. Yo no querría decepcionar a mi profe de portugués, quiero que siga pensando que algún día yo seré Ministra, aunque sea en un plano hipotético. Pero no sé por qué me preocupo, porque el caso es que pasan los años en la vida, y los meses en la clase de portugués, y aunque tú te ves a ti mismo como una vieja gloria revieja, como bastante negada para el portugués, nadie más parece darse cuenta, es como si a todos les cubriera una venda; y siguen considerándote el empollón de sobresaliente que fuiste, la chica que entendió el imposible listening carioca, y dándole bombo a lo poco que consigues con fe ciega.

lunes, noviembre 21, 2005

Programación matinal

La tele, ese gran pilar de mi vida. La tele nunca te falla, cuando todo lo demás te abandona, trabajo, novio, amigos, cobertura del móvil, le das a un botón, enciendes la tele y las cosas vuelven a tener un orden, el orden de la programación y de las normas predecibles de todos los guiones televisivos. Hell y yo decidimos ayer inaugurar nuestras nuevas vidas con una gran celebración: una mañana intensiva de tele. Así que armadas con cocacola, donuts y más tarde cerveza y patatas fritas nos hemos aposentado con el mando dispuestas a que la programación matinal deje de tener secretos para nosotras. Hemos empezado con las chicas Gilmore, una serie de la 2 sobre una madre y una hija que viven en una especie de pueblo idílico donde se decide quien tiene la culpa de los accidentes en una asamblea de vecinos (?). El capítulo era bastante trascendental porque por fin Lorelai, la madre-prota, se ligaba a Luke, el dueño del bar, con el que mantiene la típica relación de "unresolved sexual tension" que tanto se lleva en todas las series desde la gran Luz de luna con el gran Bruce. Seguramente a partir de ahora decaerá, que es lo que siempre pasa cuando se resuelve dicha tensión. Pero de momento hoy no ha estado mal, y eso que la tal Lorelai es un rato cursi. Después ha empezado una serie rarísima también en la 2 sobre una madre, Christine Lahti que salía en La ley de los Ángeles, con dos hijos, uno adolescente, idéntico a Mariano Alameda de Alsa, y otro como de unos 12 y prodigio. La gracia de la serie es que el hijo prodigio es el futuro presidente de EEUU en el 2040, así que intercalan argumentos propios de guión teen con un formato imitación de documental donde unos señores con corbata hablan del presidente en el 2040 y de la Guerra de las Américas, una guerra que aún no ha ocurrido pero que según la serie está al caer entre ahora y el 2040, preparaos. Por supuesto el niño prodigio-futuro-presidente es superhonesto, superíntegro y superamigo del bedel del high school con el que se meten todos los demás niños malísimos. Muy fuerte, muy fuerte. Después hemos hecho zapping entre Ana Rosa y Maria Teresa hasta que ha empezado Melrose, la gran esperanza de nuestra mañana. Maria Teresa entrevistaba a los de Pasión de Gavilanes con su habitual gracejo mientras en Ana Rosa se debatía ardientemente sobre la vida sentimental de Carlos Larragañaga, que es a los programas rosas lo mismo que el Estatut a los programas serios. Que ese hombre tenga una vida sentimental bastante más activa que la mía me inquieta... Y finalmente ha empezado Melrose, ayyyy, Melrose. Estaban todos ahí, Jake, Matt, Jane y Michael (que todavía es bueno), Allison y Billy... Todos con los pantalones por debajo del sobaco, las camisetas por dentro, hombreras, toreritas, y un flequillo en tres mechones fijados con gel que en un momento Matt se ha echado para atrás y se le ha quedado de tupé durante toda una escena. Tengo que decir que Jake sigue estando bueno, se ponga lo que se ponga. El resto ha perdido con los años la verdad. Es curioso ver una serie que ya has visto sabiendo lo que va a pasar porque lo miras todo con otros ojos, desde la atalaya del conocimiento, con cierta superioridad. El capítulo ha sido un poco rollo la verdad porque por un lado tenía trasfondo social: a Billy que, mientras intenta lanzar su carrera de escritor con un ordenador antiquísimo, trabaja como taxista, le atracan unos negros en la zona chunga de L.A. y cuando se lo cuenta a sus amigos comete el error de llamar a los atracadores "gentuza", así que Ronda, la negra de la que nadie se acuerda porque dejó la serie muy pronto, se pica en plan solidaridad racial, y le lleva de excursión a la zona chunga para que vea "como son las cosas". Todo por llamarles gentuza, que digo yo que si le habían atracado de mala manera, cómo les iba a llamar "pobres excluidos que dado su origen se ven avocados a la delincuencia", un poco largo ¿no? Por otro lado a Jake le visita su madre alcohólica y putón y así los espectadores entendemos porque es tan duro, trabaja de mecánico y nunca sonríe: su infancia fue un tormento. Al final la madre se va y Jake le perdona no haberle criado como es debido, dejándonos claro que debajo de tanto músculo late un buen corazón. En fin, un poco decepcionante, aunque ha salido el shooters y nos ha hecho ilusión. Y con eso hemos cerrado la sesión. La tele está apagada y yo feliz y tranquila sabiendo que aunque las cosas se desmoronen, el mundo catódico seguirá ahí a mi lado, a golpe de mando.

sábado, noviembre 19, 2005

Cambios

Ayer contamos con la presencia de Pez en la capital. Pez es un viejo amigo proveniente de la tierra del txistu y los patxis que de vez en cuando pasa por Madrid y siempre da la casualidad que en momentos trascendentales de nuestras vidas. Pez es de estas personas con las que el tiempo transcurre de otra forma, se suspende y se anula; de repente te das cuenta de que has estado 10 horas con Pez y que se acaba el tiempo, porque las visitas de Pez siempre son fugaces, y te gustaría volver a estar en la hora 1 para pasar otras 10. Tú las disfrutarías igual, y Pez, que tiene memoria de Pez para todo menos para el cine, probablemente más porque le parecerían otra vez las primeras.
En estas 10 horas celebramos que Hell salió del infierno ayer mismo (¡Enhorabuena Hell, tendrás tu propio post de honor en breve!) y que mi vida vuelve a la incertidumbre de las mañanas en bata con Maria Teresa Campos porque mi jefe decidió también ayer mismo que no soy rentable con contrato fijo. Dice Pez que a él le encantaría que alguien le dijese a la cara que no es rentable de una vez; estuvimos a punto de subir al despacho de mi jefe que no tiene ningún reparo en hacerlo. Así son las cosas, de repente coges el metro una mañana que parece como todas las demás, enciendes el ordenador como siempre, mantienes las charlas habituales, te tomas el café, miras tu blog a escondidas, trabajas, hasta que zas, tu jefe, que no te conoce de nada, te llama a su despacho para decirte que te compra la dignidad por 5000 euros, y tú se la vendes claro, no hay otra opción. Se trata de una "recolocación". Traduciré desde casa como autónoma, que en realidad es algo que yo ya tenía pensado proponer porque odio madrugar y echo de menos a Maria Teresa Campos, esa mujer que crea tanta opinión en este país, pero, como bien explico (Y) el otro día, esto es como cuando te deja ese novio al que en realidad no querías y te dan ganas de decir, "pero tú a mí, ¿¿¿¿de qué?????" El ego es frágil y lo peor es que no nos damos cuenta, salimos con el ego en bolas a la calle cada día sin ser conscientes de la de cosas que le pueden pasar al pobrecito. Pasé la tarde y la noche tomando cervezas con Pez, Hell y mi diginidad en forma de cheque de indemnización de 5000 euros en el bolsillo. Yo me intentaba adaptar a mi nueva realidad de vida free-lance, me imaginaba yendo al cine entre semana, sacándome billetes de avión para días raros, sin tener que hacer cola en los bancos, pero también, buscando trabajos sin cesar, por si acaso, cogiendo todo lo que me ofrezcan, pringando a horas intempestivas... Hell por su parte hacia lo propio con su futuro ya resuelto de funcionaria. Y así fueron transcurriendo las preciosas horas con Pez. Hoy Pez ya se ha ido y yo me he levantado con vértigo, intentando pensar en las sabias palabras de mi padre amantísimo que siempre en estos casos me dice que los chinos usan el mismo símbolo para la palabra crisis y la palabra oportunidad. Me voy a comer al Burger, a ver qué se me ocurre...

viernes, noviembre 18, 2005

Recuento de votos

Queridos comensales de mi cocina, ha dejado de ser jueves así que volvemos a encontrarnos perdidos en la paleta de colores de esta realidad que se nos escapa con sus miles de matices y posibilidades, qué pena, ¡con lo fácil que es entender la vida los jueves! En fin, en 7 días más, no nos dejemos llevar por la melancolía en esta mañana gris en todos sus sentidos y procedamos al recuento de votos sobre el dilema planteado ayer: Mr.Soso vs. Enfadica. Bien, los votos a favor de Mr.Soso son de Olg, Bertich, Hell, Esaro e (Y). Los votos a favor de Enfadica son de Ana, Afortunada, Juan de Austria, Clo, Guadiana, Solarisss y Aguadora. O sea 7 contra 5 para el enfadica. Y yo, resignada a que a pesar de los pesares soy carne de enfadica porque los Mr.Sosos me dan sueño y yo si tengo sueño soy insoportable, y convencida finalmente por los comments de Solarisss y Guadiana (a mí es que cuando se me cita a los Panero se me convence de cualquier cosa) también voto por el enfadica. Además, confieso que me da un poco de miedo que se me enfaden los lectores enfadicas...
Así que esta cocina ha decidido, por 8 votos contra 5, que prefiere sufrir de úlcera sangrante y tener que recurrir a meditación trascendental, tranquilizantes u otros métodos para poder soportar las citas con su novio/a, a sufrir de sopor mortal y tener que recurrir a alcohol, drogas duras o actividades de riesgo como el puenting para mantenerse despierto/a durante dichas citas. Enhorabuena a los premiados, os habéis ganado.... ¡la última croqueta!

jueves, noviembre 17, 2005

El dilema de los jueves: ¿Qué es peor, 133 kas de broncas o 2 bytes de insipidez?

Los jueves, dilema. No todos los jueves, que ya suficientes plazos y rigor hay en mi vida como para añadir uno más, pero alguno de ellos lanzaré un dilema al ciberespacio para tener la ilusión de que por una vez las cosas estén polarizadas y claras en este mundo tan confuso, y podamos así por un día ser radicales y posicionarnos sin temor. Los jueves sólo habrá dos opciones, no mil como el resto de los días. Los jueves no habrá matices, anularemos el gris como color porque los jueves todo será blanc o noir en esta cocina: los jueves esta cocina estará en clase de idiomas
El dilema de hoy surgió ayer en mi cocina real cuando Olg, Hell y yo nos pulíamos los últimos víveres antes de la esperada venida del camión de carrefour (¡hoy!). Hablamos de relaciones y sexos (efectivamente Pereza, parece que no hay nada más allá de los sexos), y en concreto de lo que uno aguanta a o está dispuesto a aguantar. Nos centramos en dos tipos de horror sentimental: las peleas y el aburrimiento mortal. Normalmente si hay uno no hay otro, aunque se pueden dar juntos en fases terminales, pero esa es otra historia. Hay dos tipos de personas que encarnan y provocan estos dos horrores: el/la enfadica y el Mister Soso/la Monina. El novio/a enfadica es aquel novio que se enfurruña cuando las cosas no salen como quiere y que te monta pollos estúpidos non-stop por ejemplo porque te has comido la última croqueta sin preguntarle. El enfadica puede ser también un dramático, fatal combinación, en cuyo caso el asunto de la croqueta derivará en una gran discusión sobre que si eres un egoísta, que si nunca piensas en él/ella etc... El Mister Soso es aquel tipo envuelto en un halo de misterio que apenas habla y que en principio resulta fascinante por su aspecto reservado y su mirada intensa. Es fácil caer en sus redes porque a las mujeres nos puede la curiosidad, pero una vez has escarbado un poco descubres que no escondía un alma profunda, que no era como tú creías un misterioso, sino directamente un soso, ¡un Mister Soso! La Monina por su parte, es esa clase de chica que siempre sonríe, todo le parece bien y habla con voz meliflúa y monocorde. Hay que decir que la monina suele tener también mano izquierda, es lo que mi abuela llama una mosquita muerta, o sea no es tonta, pero aburrida un rato. Bien, ¿cuál de las dos opciones es peor? ¿estar con alguien con quien cada vez que quedas te tomas un par de valerianas antes y tienes que andar con mil ojos para no irritarle, sabiendo que al final va a ser inútil porque si lo logras se acabará cabreando de todas formas porque hay atasco o porque no hay sitio en el parquing, o estar con alguien con quien el tiempo se hace eterno y que despierta en ti un sentimiento de tedio infinito? Y ya en una relación, cuando las cosas van mal, qué es peor ¿tirarse los trastos a la cabeza cada dos por tres, o sentarse a cenar y no tener nada que decirse?

martes, noviembre 15, 2005

Milagros modernos

En una comida familar, entre cucharada y cucharada de las maravillosas lentejas de Pereza y señora, mi tía abuela nos dijo con lógica aplastante que no entendía como los jóvenes no creían en dios simplemente porque no pudieran verlo ni entenderlo, y sin embargo creían en cosas mucho más complicadas como internet o los teléfonos móviles. Que cómo podía ser que se tuviese fé en que coges un aparatito, pulsas un botón, y sin cables ni nada vas a poder hablar con alguien que está en la otra punta del globo, y sin embargo no pudieses creer en dios que al fin y al cabo ya es como de toda la vida de dios, valga la redundancia. Yo intenté argumentar que aunque la mayoría de nosotros no entendemos el funcionamiento de un teléfono móvil, hay una relación causa-efecto, o sea pulsas un botón y funciona. Pero mi tía abuela me rebatió que con dios pasa lo mismo, que al fin y al cabo todos estamos aquí y mal que bien funciona sin que nadie entienda como. Qué cosas, años de concienzudo ateísmo anulados entre cucharada y cucharada de lentejas. Me quedaban dos opciones, empezar a creer en dios o o iniciar una corriente amóvil y atecnología, que no era una mala posibilidad “¿me das tu móvil?-no mira, lo siento es que yo no creo en las ondas”.
Y es que mi tía abuela tenía razón en una cosa, la tecnología ha sustituido a dios y no sólo por su ubicuidad, si no también porque a la tecnología se le permiten ciertos desmanes y efectos sobrenaturales inconcebibles en otros ámbitos. Por ejemplo, en mi oficina todos los días a las 11 de la mañana dejan de funcionar los ratones inalámbricos, ¿alguien se plantea por qué? No, una fé ciega nos hace decir: “cosas de la informática”. Dejamos de trabajar, nos tomamos un cafetito y volvemos como si tal cosa. Los ordenadores se apagan solos, windows se pone creativo cada dos por tres, la conexión a internet viene y va, y en el último mes mucha gente recibía dos llamadas al día al móvil desde un número desconocido y al descolgar sonaban unos ruidos inquietantes como de peli de miedo japonesa; ante todo esto nosotros ni pestañeamos. Pero, y esta historia os hará temblar a todos, lo más sobrenatural en términos tecnológicos que me ha pasado fue con la radio de mi coche. Durante meses dejó de funcionar, así que sólo podía escuchar cintas, cintas por cierto sin actualizar desde COU, un sufrimiento…. Milagro, milagrito, un día el dial resucitó, pero, cuál sería mi indignación al descubrir que por muchas vueltas que le diera, sólo sintonizaba dos emisoras, eso sí, a la perfección. Las emisoras en cuestión eran: Rock and Gol, donde sólo ponen heavy metal y resúmenes de partidos de fútbol, y Radio María donde se pasan el día rezando el rosario. Condenada al infierno de este castigo, sólo me queda decir que el hecho de que después de esta revelación en mis narices, yo no crea en dios, en un dios con un sentido del humor algo dudoso y que actúa a través de mi radio, definitivamente no tiene perdón de dios.

domingo, noviembre 13, 2005

La asombrosa transformación de (Y) en zapato

He aquí lo que muchos estabais esperando con impaciencia: el desenlace del momento mastercard de (Y). Como recordaréis, la última vez que (Y) pasó por esta cocina (véase post Momento Mastercard), gastaba neuronas en planear su momento mastercard con Mr.T, el hombre por el que perdió su posición vertical de mujer bípeda que anda y no se arrastra. El momento mastercard, cuyo objetivo era conseguir que Mr.T pensara "no hay nada de lo que más me arrepienta en este mundo que haberle dado calabazas a (Y), pero, oh fatalidad, ya es tarde" mientras se mesaba los cabellos consumido por la rabia, y se fuese a su casa con el rabo entre las piernas, en todos los sentidos, tuvo lugar en una fiesta de amigos comunes. Como estaba previsto (Y) apareció ni muy tarde ni muy pronto, mona pero discreta. Nada más llegar se encontró con Mr.T, que la miró con culpabilidad haciéndole sentir otra vez como Pobrecita (y minúscula); (Y) se repuso a esa mirada, le saludó con un casual "cuánto tiempo Mr.T" y se interesó por su vida. Tras intercambiar unas frases superficiales cada uno se fue por su lado. Al principio de la fiesta (Y) estaba contenta con la situación, se lo estaba pasando bien, estaba de pié y no arrastrándose, Mr.T y ella podían hablar con normalidad, en fin, el momento mastercard parecía un éxito. Pero hacia las 2 de la mañana, esa hora en la que el desodorante te abandona, el rimmel se corre y la realidad acaba por imponerse si aún no has huido a tu casa, la patada al ego que Mr.T le había propinado en su día a (Y) empezó a manifestarse con efectos retardados y volvió el dolor. Mr.T estaba cerca, pero era como si una pantalla de hormigón se hubiera instalado entre ellos; (Y) y Mr.T se ignoraban, la química se había evaporado, de repente Mr.T era inmune a las feromonas de (Y) y la pobre (Y) empezó a sentirse tan sexy como un zapato, y fue consciente de que hiciera lo que hiciera, para Mr.T ella ya no era más que un zapato y que en algún momento, sin que ella se diese cuenta, se había producido esa asombrosa transformación de mujer en zapato, ¿pero cuándo?, ¿y cómo? Misterios sin resolver, fuese como fuese ya no había vuelta atrás y nuestra (Y) sufrió como sólo se sufre en un bar a las 2 de la mañana cuando quisieras ser un sujetador de encaje y no eres más que una zapatilla de cuadros. Sin embargo, (Y) tiene otra oportunidad, un nuevo evento social la reunirá con Mr.T, y todos nos preguntamos ¿logrará (Y) encontrar la pócima para anular este terrible conjuro? ¿superará (Y) la maldición kafkiana de la mujer que se convirtió en zapato?

viernes, noviembre 11, 2005

Fugas

Parece que fue ayer, pero hace ya un mes que mi cocina empezó su andadura por la globosfera con un post titulado Ex-ponjas sobre Exnovios/as con mayúsculas, y a veces en fosforito, a los que te gustaría mandar al espacio sideral bien encerraditos en una cápsula hermética porque su existencia más allá de ti te mortifica profundamente. Esta teoría de los Ex-ponjas tiene, como todas las teorías de enjundia, sus ramificaciones. Hoy voy a exponer una de ellas: lamentablemente las cápsulas tienen fugas. Por muy herméticamente cerradas que parezca que están, por muy lejos que las hayáis enviado, por muy alto que hayáis dicho "no quiero volver a saber nada de ti", la curiosidad mató al gato, y tarde o temprano los Ex-ponjas vuelven, o tú vuelves a ellos. Este fenómeno lo ilustra perfectamente "The eternal sunshine of the spotless mind"; peli de título precioso en inglés que en español, dolor, tradujeron por "Olvídate de mí". En esa peli los protagonistas viven torturados por el recuerdo de sus ex y tienen ese típico pensamiento post-ruptura “¡quiero dejar de pensar en XXXX, ojalá no le hubiera conocido!”, así que se hacen extirpar clínicamente el recuerdo de esa persona. Empiezan con las vivencias más cercanas en el tiempo, y por lo tanto las más desagradables: los gritos, las peleas, los malos rollos, en fin, el desamor. Pero una vez esos recuerdos han sido aniquilados, ay, entonces aparecen los momentos bonitos, y se vuelven a enamorar, ¡en el recuerdo! Y eso es exactamente lo que pasa cuando rompes con alguien. En un primer momento estás reafirmado y das un portazo diciéndote que no puedes más, empaquetas a tu ex, le metes en la cápsula y le lanzas al espacio sintiéndote seguro de tu decisión. Pero muy poco tiempo después empiezas a dejarte llevar por la memoria selectiva y ya no te acuerdas de lo nervioso que te ponía que desayunase calamares en su tinta (tengo una amiga cuyo Ex-ponja desayunaba calamares en su tinta, es verídico), y si te acuerdas, ¡te vuelve a parecer encantador! Y como todavía no has borrado su teléfono del móvil, porque así si alguna vez te llama sabrás que es él/ella y te podrás aclarar la garganta antes de responder, puedes caer en la tentación de llamar y te dices que es sólo para ver qué tal (alucinante como nos tratamos a nosotros mismos como si fuésemos tontos). O quizás sea tu Ex-ponja quien te mande un email o te haga llegar un mensaje a través de un amigo común. De cualquier modo la cápsula ya está abierta y ha aterrizado en tu salón... No digo que sea una cosa mala ni buena, sólo que puede ocurrir, y que hay que estar atento y preparado.

jueves, noviembre 10, 2005

Clases de idiomas

Desde mi tierna infancia he ido a clases de idiomas y siempre he pensado que son los sitios más raros del mundo llenos de la gente más peculiar. O quizás es que son sitios en los que se reúnen personas con las que jamás coincidirías en ninguna otra circunstancia. En cuanto cruzas el umbral de una clase de idiomas quedas reducido a una edad mental de unos diez años, si tienes suerte y eres capaz de hablar como un niño de diez años oriundo del país en cuestión. Si no, pues menos. Y con tu mentalidad infantil se te pide que opines sobre temas polémicos diversos que el profesor saca a la palestra con el fin de que la gente se enzarce y así hable algo más que monosílabos. Tengo que decir que esto de las polémicas sobre todo se da en las clases de francés, que ya se sabe como son los franceses de amigos de las polémicas. En las clases de francés ten por seguro que acabarás departiendo sobre la eutanasia, el aborto, la inmigración, etc, y todo ello quedando como el más terrible de los intolerantes porque dado que tu nivel es el de un niño de 10 años eres incapaz de matizar, todo es blanc o noir. Si eres tirando a clásico, parecerás facha, si eres progre, quedarás como Stalin. Otra cosa que te hacen hacer en las clases de idiomas es contarle tu vida al de al lado, y el de al lado a ti. El de al lado seguramente es de Algete así que se da la peculiar situación de que a trancas y barrancas consigas explicarle a uno de Algete dónde trabajas y qué haces exactamente en otro idioma, cosa que seguramente al de Algete, si es que lo entiende, le dé igual. Y además después de la conversación es imposible que el de Algete haya aprendido nada de ti, si acaso se le ha pegado alguno de tus fallos. Y finalmente están los juegos. Como los profesores te tratan como el niño de 10 años en el que te conviertes, suele ocurrir que en algún momento organicen juegos, con grandes alharacas por su parte y sorprendentemente de todos los alumnos. Yo siempre me horrorizo cuando se da esta situación y fantaseo con la posibilidad de huir por la ventana, porque la idea de jugar a cualquier cosa (que ya en sí me disgusta, sí, soy un rollo) con Fernando, ingeniero de 50; Pili, ama de casa; Ana, estudiante perlona de derecho; y Javi, macarra de Algete, me espanta. Pero al final me puede la buena educación y acabo fingiendo que me lo paso igual de bien que ellos intentando adivinar con preguntas qué personaje me ha tocado y tengo escrito en un papel en la frente. Siempre he pensado que a lo mejor a los demás les pasa lo mismo, que todos fingen para no desilusionar al resto, y disimulan para que no se note que todo les parece igual de raro y ridículo que a mí.

miércoles, noviembre 09, 2005

Penélope espera una palabra

Penélope, que a algunos os sonará como animada comentarista de esta cocina, lleva más de un año esperando a su Ulisex particular. La historia de Penélope y Ulisex es "rara". Se conocieron a través de amigos comunes y se gustaron. Pero Ulisex no vive en la misma ciudad que Pe, así que empezaron a hablar por teléfono. Ulisex la llamaba de vez en cuando, y Penélope esperaba su llamada. Cada tres o cuatro meses más o menos, Ulisex, después de hacerse un poco el remolón y posponer el momento, acaba pasando por la ciudad de Pe, que espera su visita. Eso sí Ulisex llega siempre como quien no quiere la cosa y con alguna excusa. Se queda en casa de Pe unos días, se lo pasan muy bien, él conoce ya a todos sus amigos, salta a la vista que Pe le encanta y hace el papel de novio de España, o de Grecia en este caso. Pero a pesar de eso todo parece ser como de pura casualidad "yo es que sólo pasaba por aquí". Hace unos meses, Pe no pudo con la incertidumbre y tuvo la Gran Charla Horrorosa Definitoria que por mucho que uno intente evitar acaba por tener lugar en toda relación. En esa charla de Definición de lo Nuestro, o más prosaicamente, "pero vamos a ver ¿esto qué es?" Ulisex, con el gran cuajo que le da ser personaje mitológico eternamente esperado, le dijo a Pe que lo suyo no era más que un rollo. Penélope estuvo satisfecha con este nombre un tiempo, porque al menos había un nombre. Pero desde entonces mucho había llovido, las llamadas se habían hecho más frecuentes y además Ulisex le cuenta su vida a Pe, que es una gran oreja. Penélope dice que a un rollo no se le cuenta la vida, creo que tiene razón, y además volvía a estar harta de tanto tejer y esperar, y sobre todo de explicar su historia a diestro y siniestro porque nadie la entiende y Pe sospecha que es porque no utiliza las palabras adecuadas. Así que en esta última visita de Ulisex hubo una revisión de la Gran Charla Horrorosa Definitoria. Y Ulisex dijo que ya no sabía cómo llamar a su historia. La palabra relación le da ganas de huir de Ítaca, la palabra rollo es fea y suena a poco, la palabra aventura indica brevedad, la palabra novio ni mentarla... Así que las cosas siguen como están y Penélope busca una palabra para explicar su historia. Y es que si no tienes palabras para hablar de las cosas es como si las cosas no existiesen, y además las palabras no sólo tienen que ser las adecuadas, también tienen que ser bonitas. Por ejemplo en portugués las palabras son preciosas y a lo mejor las historias son mejores: novio es namorado, enamorado es apaixonado y ayer me enteré de que rollo es amizade colorida (amistad colorida). Llamé corriendo a Pe para decirle que ya tenía nombre para su historia, aunque sea en otro idioma. Y resulta que Pe estaba con una amiga inglesa que le dijo que en inglés a eso se le llama "fucking pal". O sea que el mismo concepto en portugués es hasta poético y en inglés suena tan frío como tener una pareja para jugar al tenis; me preguntó si la experiencia será también diferente. Y mientras Pe dice que ninguna le vale, Pe sigue esperando las palabras precisas para entender y que la entiendan.

lunes, noviembre 07, 2005

Des-Consuelos

Estoy absolutamente incapacitada para el consuelo, tanto para darlo como para recibirlo. Es una de tantas limitaciones, qué se le va a hacer. Cuando alguien me cuenta algo terrible enseguida me siento tan identificada que me pongo en su lugar y le comprendo tan bien que si me descuido me pongo a darle argumentos que le hunden todavía más. Como ya me conozco lo que suelo hacer es escuchar, callar y contraatacar con alguna anécdota patética que haya protagonizado en los últimos días, una de esas anécdotas que me harán ganar algún día la letra escarlata P, de pringada, para que se vea que aquí sufrimos todos. Y es que creo firmemente que el mal ajeno, siempre que no sea muy horrible, el mal de todos los días digamos, el mal de muchos, es un gran consuelo, y no de tontos. Alegra bastante ver que los demás tampoco son del todo felices cuando tú eres muy desgraciado. Y cuando eres feliz te da igual; así somos.
En cuanto a recibir consuelo, soy inconsolable. No hay forma. Y es que aunque sé que se dicen con buena intención, nada más fácil de desmontar que los argumentos para el consuelo. Por ejemplo, la manida frase-argumento de consuelo cuando te dejan: "no eres tú, de verdad que esto no tiene nada que ver contigo". Pero vamos a ver, aquí sólo hay dos personas, si no tiene que ver conmigo ¿entonces con quién, con el vecino de enfrente? Es que casi prefiero participar un poquito, ya que estoy presente. Y una vez que ya te han dejado, el clásico de tus amigas "él se lo pierde". Y el caso es que tú le ves a él la mar de feliz y si se está perdiendo algo desde luego no parece darse mucha cuenta. Luego están las más genéricas, comodín para todas las ocasiones, por ejemplo "es mejor así"; pero ¿cómo va a ser mejor que te echen del trabajo o que te dejen por una rubia imponente? ¿mejor que qué? O también, del mismo estilo "hay cosas peores". Pues sí, las habrá, no lo dudo, pero es que en este momento estoy viviendo mi drama humano personal y no le quites importancia que suficiente tengo con haber suspendido por quinta vez el carnet de conducir para que encima me tenga que sentir débil y frívola por estar llorando como una lamentable magdalena mientras que hay guerras en el mundo. En fin, que lo mire por donde lo mire, no hay consuelo.

domingo, noviembre 06, 2005

La emoción de la vida contidiana

El otro día leí en el periódico una entrevista a un director de cine mejicano que se llama Carlos Reygadas y que ha hecho una peli feísta y explícita sobre gente que vive al límite. La peli al parecer empieza con una felación de diez minutos. Este dato es intrascendente para mi post, aviso; simplemente es que como soy algo ñoña, me impactó. El caso es que el tal Carlos Reygadas me cayó fatal para empezar porque el feísmo está pasado de moda, gracias a dios, y porque iba de trasgresor por la vida, pero sobre todo porque en un momento de la entrevista dice algo así como "hay gente que se conforma con vivir una existencia anodina y gris de oficinista de 9 a 6; yo no, a mí me gustan las experiencias intensas". Claro, mi corazoncito de oficinista se resintió del comentario, pero es que además yo vivo la vida cotidiana con muchísima emoción, y creo que nos pasa a todos los mortales-oficinistas. He aquí algunos ejemplos de emociones límite que se atribuyen a grandes personajes, aventureros, espías, soldados o amantes secretos, pero que nos asaltan a todos cada día:

- miedo, pánico, con sudores fríos, taquicardias y nudo en el estómago, cuando recibes un email de tu jefe para que acudas al instante a su despacho, o cuando alguien a quien quieres te dice "tenemos que hablar", o cuando esa amiga susceptible que todos tenemos se pone de morros y no sabes muy bien porqué.
- tristeza infinita, desconsuelo profundo, con ganas de llorar, hipar y sollozar cuando te das cuenta de que te han dejado de querer, cuando te contestan mal y te hacen sentir como una imbécil, cuando no recibes respuesta a un sms, cuando a las 3 de la mañana estás en un bar y de repente ponen una canción que a ti te parece tristísima, a pesar de que es cañera, o precisamente por eso, por ejemplo de los Chemical Brothers, y todo el mundo a tu alrededor se vuelve como loco y se lo pasa pipa mientras que tú te sientes sola, pero sola, más sola que la una.
- celos viscerales que ni Otelo, mezclado con odio profundo, cuando el objeto de tus desvelos y deseos no te hace ni p. caso y te trata con indiferencia porque el objeto de sus deseos y desvelos ya no eres tú, es otro/a.
- alegría que casi te hace saltar por los aires cuando recibes un sms que pensabas que ya no llegaría, o una llamada inesperada proponiéndote un buen plan, o cuando de repente te pones a hablar con alguien que casi no conocías y resulta que vuestra película favorita es la misma, o cuando alguien se acuerda de una historia muy tonta que le contaste hace muchos meses.
- nervios de no poder tragar ni un bocado antes de un examen o de ver una nota o de tu primer día de trabajo, o en ese instante mínimo que precede a un primer beso.
- rabia, enfado de coger una pistola si tuvieras, cuando te tratan injustamente, cuando te toman el pelo, y lo que es peor, rabia contra ti misma cuando pierdes un pendiente o cuando te das cuenta de que has dicho algo fuera de lugar que ha herido a alguien y ya es tarde para arreglarlo.
- sentimiento de culpabilidad de darte de latigazos cuando tienes que ordenar tu cuarto pero lo pospones y lo pospones, o cuando pasas una tarde preciosa y soleada de domingo tirada delante de la tele viendo una peli muy, muy mala.
- felicidad completa cuando estás todo un día con alguien y se te han pasado las horas volando, cuando te lo has pasado tan bien que vuelves a casa en el autobús sonriendo y recordando, cuando te encuentras con un amigo que hace tiempo que no ves y después de ponerte al día y narrar todas las cosas importantes que habéis vivido, te cuenta una anécdota muy divertida e intrascendente que le pasó ayer y te das cuenta que todo es como siempre.

miércoles, noviembre 02, 2005

Me caigo gorda

Me caigo mal. A esta conclusión llegamos Maries y yo una noche de esas que solíamos tener de charlas interminables. Estábamos juntas en Dublín sin dormir y de repente nos dimos cuenta de que nos caíamos mal, no la una a la otra, la una a la otra nos caíamos divinamente, por eso nos habíamos ido juntas a Dublín, sino cada una a sí misma. Maries dijo que a veces se caía tan mal que estaba segura de que si se conociese, no se haría su propia amiga, que desde luego nunca se llamaría para quedar, y que si alguna vez cometía el error de hacer algo así, se daría plantón. Fueron sabias, y graciosas, palabras. A mí me pasa lo mismo. Es un poco como la sensación que tienes al oír tu voz, o verte en un vídeo, o leer tu blog, como de repelús, como de vergüenza ajena pero que en realidad es vergüenza propia. Y también como de extrañeza, porque nada más desconcertante que verte desde fuera. Y esa es otra cosa curiosa de uno mismo, que a pesar de lo que pudiera parecer, se conoce uno poco. Por lo menos a mí me pasa. Resulta que no dejo de sorprenderme, la mayoría de las veces desagradablemente. Pero lo curioso es que a los demás no les sorprendo nada. Ya me ha pasado varias veces contarle a alguien con gran redoble de tambores una historia o reacción mía que a mí me ha parecido absolutamente asombrosa y que me miren con condescencia y me digan "bueno, claro, te pega muchísimo que te pase algo así, tú que eres tan XXXXXX" Y en ese momento después de 29 años de relación conmigo misma descubro que realmente soy muy XXXXXX. Aunque ahora que lo pienso, menos mal que me conozco poco porque si ya superficialmente me caigo gorda, me llego a conocer bien y acabamos tarifando...