domingo, octubre 30, 2005

El sueño de la hora de más

Me acabo de enterar de que hoy el domingo dura una hora más. Como todos los domingos por la mañana mi hermano y yo veíamos art attack mientras desayunábamos, hoy sorprendidos porque durara hasta tan tarde. Hasta que mi hermano ha mirado su móvil, que es más listo que nosotros y se había cambiado solo, y ha visto la hora. En un principio me he alegrado pero ahora estoy agobiada porque una hora de regalo se debe emplear cuidadosamente, utilizarla para algo práctico, o divertido, para descansar, para llamar a ese amigo que hace siglos que llevo pensando en llamar y nunca encuentro el momento, para ordenar el cajón de los calcetines, para terminarme ese libro que coge polvo en mi mesilla... Qué responsabilidad, una hora más. Aunque a lo mejor ya la he gastado y no me he enterado porque ¿cuál es exactamente la hora que te regalan? Si es por la noche simplemente la he dormido. Y el caso es que he tenido un sueño un poco raro, un sueño que era como un cuento de Cortázar. Resulta que yo era una romana con mi toga y mi peinado de romana y todo. Y estaba liada con un legionario guapísimo con faldita. Madre mía la faldita, qué gran descubrimiento por cierto, menudo juego... El caso es que mi legionario y yo nos besábamos apasionadamente en una especie de soportal que yo creo que muy romano no era, pero en fin tampoco le puedo pedir tanto detalle histórico a mi subconsciente. Mi romano como he dicho, era guapísimo, moreno con barba y ojos claros y un cuerpazo; mi subconsciente eso lo tenía muy claro, del soportal ha pasado, pero el romano estaba ahí con todos sus detalles de tío bueno. Y en mitad de nuestro encuentro apasionado de repente él me decía que se tenía que ir a la guerra con la legión y que lo nuestro era imposible porque él se casaría conmigo pero no podía ser porque yo era noble y él un simple legionario. ¡O sea yo era la guay de mi sueño! ¡Y además él era un hombre con ganas de comprometerse! Y lo mejor de todo es que a mí me daba un poco igual que él se tuviera que ir a la guerra, yo estaba disfrutando del momento frivolamente. Pero como en el fondo tengo mi corazoncito y le veía a él tan compungido, de repente pasaba por mi mente el pensamiento de que yo en realidad tenía otra vida. Una vida en el siglo XXI donde iba a trabajar y tenía una casa y no habría ningún problema en que estuviéramos juntos porque en esa vida moderna no había nobles ni legionarios. Y me palpaba la toga y me sacaba de un pliegue una huella de mi otra vida: ¡un bonometro! Y entonces, cuando estaba a punto de decirle a mi legionario que dejara la legión, las galeras y las conquistas, que total tampoco era mucho dejar, y que se viniera conmigo al Madrid de 2005, me lo imaginaba completamente desubicado con su faldita en el metro y queriendo comer tumbado y llamando a nuestro perro titus, y pensaba uffffffffffffffff, qué pereza, mejor no digo nada, que esto se quede en un rollo romano de una noche y aquí paz y después gloria...

jueves, octubre 27, 2005

¿Qué es mejor, 2 kas de desolación o 4 kas de despecho?

Un amigo que está muy triste me ha mandado un email de dos kas de desolación. La tristeza es curiosa, es inmensa y lo llena todo, pero a la vez es corta y no pesa, sólo ocupa 2 kas; simplemente no hay nada que decir. Por otro lado (Y), que dice que prefiere ser (Y) entre paréntesis porque así está como suspendida en la ortografía y no Y. porque le hace parecer demasiado firme y categórica y además dificulta la lectura, (Y), en un intento fracasado por recuperar su posición de mujer bípeda, le envió al prota de su momento mastercard (ver post más abajo) un email de despecho de 4 kas. Y es que (Y) cuando se pone a poner los puntos sobre las íes (je, je) es tremenda, pero es que además tengo comprobado que la indignación, el enfado y el despecho son pesadísimos, en su doble sentido. Por algo se dice cantar las 40, ¡nada más y nada menos que 40! Qué pesadez. Así que me hago la siguiente pregunta, ante los reveses de la vida, ¿qué es mejor, sentir rabia y dejar que la verborrea lo llene todo quejándote y protestando hasta que caes reventado a riesgo de resultar pesado/a, o sumirte en la desolación y dejarte llevar por la nada de la tristeza? Y si estás en el otro lado, el lado de la sartén por el mango, ese gran y ansiado lado, qué es preferible, ¿recibir un email de 4 kas de indignación poniéndote verde pero que a la vez te dé la oportunidad de responder, o al menos de pensar "este/a es un pedorro/a", o recibir uno de 2 en el que no te echan la culpa directamente de nada pero que te deja molido e indefenso?

miércoles, octubre 26, 2005

Gripe aviar

Estoy incubando la gripe aviar, lo sé. Como le decía ayer a Pereza (Pereza, a ver si me comentas, que sé que estás ahí) me voy a ofrecer a la ciencia para que saquen la vacuna a partir de mis miasmas porque soy el primer caso en humanos; la primera en algo, por fin, me hace cierta ilusión. Todos los años me cojo todos los virus que rondan por el ambiente, soy irresistible, soy una pupas, una dama de las camelias nada más que sin aspecto delicado, al contrario, mi cara saludable permanente hace que los demás duden de la veracidad de mis enfermedades y me tachen hasta de hipocondriaca. Además de mi tendencia natural a atraer a los virus varios, esta vez soy población de riesgo, y me mola bastante ser población de riesgo porque suena bien, suena aventurero, como a doble de escenas peligrosas o algo así. Y es que en mi casa hay un periquito. Es un regalo de los amigorros de mi hermano al susodicho. Siempre le regalan animales de compañía. Primero fue un conejo, descanse en paz. Después una periquita, Mara, que sobrevivió divinamente hasta que le regalaron un periquito macho, Bloco, en plan celestinos. Dos días después de meterle a Bloco en la jaula, Mara se murió. Yo creo que de pena porque Bloco se hizo el interesante y pasó de ella. La pobre no soportó el desdén, era muy suya, muy mujer, muy periquita. Total que ahora tenemos a Bloco que es muy majete y cada vez que hablo por teléfono o estamos charlando en la cocina se pone a piar como un loco para participar en la conversación. Me cae bien, pero desde lo de la gripe aviar le miro con desconfianza, no puedo evitar pensar que tenemos al enemigo en casa. Y ayer se confirmaron mis temores, aparecieron los primeros síntomas, toses, embotamiento, dolor de garganta... No me tomé un frenadol porque no tenía, además tengo la teoría de que el frenadol te pone cuerpo de enfermo y que es tomártelo y ya lo único que te apetece es meterte en la cama, comer pescado hervido mientras ves a Maria Teresa Campos y llamar a tu abuela que es la única que te escucha todos los males con atención. Deberían incluir todo eso en las contraindicaciones. Así que de momento dejo que los virus campen a sus anchas y por si las moscas evitaré consumir huevos y pollo crudo, que es lo que nos aconsejan con gran sabiduría desde Bruselas. Consejo que, digo yo, vale no sólo para prevenir la gripe aviar sino en general, más que nada por cuestión de buen gusto gastronómico.

martes, octubre 25, 2005

Momento Mastercard

Mi amiga Y. se está preparando para un momento Mastercard que tendrá lugar este fin de semana. Para los que no veis la tele (vade retro Satanás), en el último anuncio de Mastercard se muestra a una chica que se acicala para un evento a golpe de Mastercard poniéndose monísima de la muerte. La voz en off va enumerando los diferentes artículos, nuevo vestido, nuevo peinado, baño espumoso, etc… y diciendo lo que cuesta cada cosa. El espectador piensa que se trata una cita pero al final se descubre que todo ese esfuerzo económico y de tiempo era para dejar impactado a su exnovio en una boda a la que los dos están invitados, y la voz en off dice “la cara de tu exnovio al verte tan mona (o algo así)…..; hay cosas que no tienen precio, para todo lo demás usa Mastercard.”
Según Y., que me ha pedido que no desvele su identidad porque su dignidad ya está lo suficientemente maltrecha, efectivamente tienen razón los publicistas de Mastercard, hay cosas que no tienen precio, y ésta es una. El exnovio de Y ni siquiera es un Exnovio con mayúsculas de esos que describí para inaugurar mi glob; claro que para impactar a un Exponja habría como poco que alquilar un gigoló o hacerse la cirujía. El ex de Y. no es más que un affair ante el que Y. se arrastró un poquito y ahora Y. ansía recuperar su posición vertical de mujer bípeda de mundo que anda y no se arrastra mandando un mensaje del tipo “tú te lo pierdes majo, que yo estoy tan fresca”. Se verán en una fiesta de amigos comunes en un bar. Y. quiere ir mona, pero tampoco despampanante, porque si no el intento de emular el momento mastercard va a resultar demasiado obvio. Y. quiere estar simpática, pero no mucho, lo suficiente para que él piense que ella ya está de vuelta y no le guarda rencor porque ¿por qué iba a guardárselo si él le ha hecho menos daño que el roce de una mosca?, pero no tan simpática como para que él crea que se le está echando a sus brazos otra vez. Y. ya tiene pensada cuál será su frase de entrada, entre jocosa y cómplice, pero con un poco de ironía. Y. no quiere llegar sola a la fiesta; no quiere llegar demasiado pronto porque parecerá impaciente, pero tampoco demasiado tarde porque parecerá que le tiene miedo al encuentro. Y. estará encantadora con los amigos de él para que luego le digan "qué maja Y., y además está guapísima hoy, ¿no crees?". En fin, que Y., que es una mujer inteligente, con sus estudios, sus inquietudes, su trabajo, etc., invierte horas y neuronas en fantasear con su momento mastercard y dice que si invirtiera lo mismo en un gabinete de gobierno probablemente resolvería varios de los problemas acuciantes del mundo como la inmigración, la crisis palestino-israelí o el paro. De momento con que salga airosa de su momento mastercard nos conformamos. ¡Suerte Y.!

lunes, octubre 24, 2005

Incoherencias

Hay veces en las que, al meterme en la cama y repasar todos los escenarios por los que he paseado mi cuerpo serrano y todos los papeles que he interpretado, me digo que estoy al borde de la personalidad múltiple. Supongo que a vosotros os pasa también, es lo que tiene esta época postmoderna. El sábado fue una de esas veces. Por el día fui compradora compulsiva a golpe de visa y paseante minifaldera intento de popera por las calles de Madrid, y por la noche mi faceta de artista me llevó a un pueblo okupado de la sierra donde tuve que esconder mi gorrito rosa chicle para la lluvia (monísimo) porque en ese ambiente brillaba con tal pijerío que parecía que iba a explotar. Y es que, aquí donde me leéis, en mis ratos libres toco en un grupo de samba. Antes de que los que no me conocéis me imaginéis toda dinamismo, ritmo, lentejuelas y plumas, siento cortaros las alas, pero nada más alejado de la realidad. El que tiene el dinamismo y ritmo familiar es mi hermanito Guillermito (hola Guillermito, a ver si hablando de ti me lees) que tras un fructífero erasmus de economía en Londres volvió a Madrid y aplicó los conocimientos allí aprendidos montando una escuela de percusión brasileña. A mí me captó como cebo, es una estrategia comercial bajo el lema "si mi hermana arrítmica puede, tú también podras". Y ha funcionado, ya somos 80. La samba es de lo más versátil, y además ahora está de moda gracias al innombrable Carlinhos, así que no paramos de tocar. Ya somos artistas y hemos compartido camerino con Manolo Escobar. Tocamos en todo tipo de eventos, bodas, manifestaciones, discotecas, pistas de hielo, presentaciones de productos, inauguraciones, pasacalles... Lo que nos echen. Así que el sábado tocamos en Navalkejido, un pueblo okupado en el que como veis los okupas han okupado hasta la ortografía. El pueblo está al lado de Los Arroyos, pasado El Escorial, y hace seis años un grupo de personas rehabilitaron las casas abandonadas para vivir allí. Son lo más hippy que se puede llegar a ser en estos tiempos que corren. Viven de su huerta y de hacer malabares en mercados medievales, en fin, viven en las antípodas. El sábado hacían una fiesta en una especie de nave también okupada para recaudar fondos. Nos llamaron y allí que nos fuimos, desafiando las inclemencias que azotaron Madrid esa noche. La verdad que bastante apañados los okupas: había estufas y comida, ¡sandwiches que duraron toda la noche! En cartel, además de nosotros, un grupo punky llamado Los Zurraspas (!!!) y un grupo de folk español. A Los Zurraspas no les llegamos a ver, pero a Pan Capazo, sí. Dice el EP3 (que me doy cuenta que es mi referencia más citada, horror) que en EEUU (Clo, ¡confirma!) vuelve el folk y que va a ser la próxima tendencia moderna. Bien queridos, pues yo digo, si vuelve el folk, que vuelva el folk español, ¿por qué no? ¿por qué copiar el de otros teniendo el nuestro? Pan Capazo esta integrado por 5 mocetones bastante armónicos estéticamente. Todos con barba y pelos medio largos, ropajes entre medieval y estrambótico, y un kit de instrumentos que Hell podría clasificarnos. Entre ellos cabe destacar la azada, instrumento de percusión que consiste en una azada, y una baqueta con la que se golpea la parte metálica de la misma, y el cencerro, aparte de una gran variedad de tambores y dulzainas. Bien, pues los mocetones tocaban con emoción, se desgañitaban con temas populares del tipo "la huerta de mi abuela ya no cuela", se morreaban entre ellos (sí, había un toque gay en todo el asunto) y se cambiaban de ropa en el escenario con profusión sin miedo a mostrarnos sus encantos populares. Además intercalaban sermones a lo bíblico entre canción y canción. Mientras tanto los okupas agitaban sus rastas y sus porros y se desgañitaban también, y yo, intentando ocultar mi gorrito rosa chicle en el fondo del bolsillo de mi impermeable blanco brillante, pensaba que 10 horas antes estaba en una tienda de diseño comentando con Hell si lo de Vince Vaughn y Jennifer era amor verdadero o un mero apaño post-ruptura...

viernes, octubre 21, 2005

Jennifer

En este viernes que parece más bien un martes, me voy a permitir un post algo frivolón, que ya llevo unos cuantos seudo profundos de pacotilla a lo filosofía del Marie Claire y me empiezo a caer un poco mal.
Y es que, en la sección Gente delmundo. es (lo confieso con dos deditos sobre los ojos para conservar mi anonimato, es lo primero que miro nada más llegar al curro) acabo de leer que Jennifer Aniston está liada con Vince Vaughn (cómo se escribe esto¿?) y feliz como una perdiz, pensando (¿cómo sabrán los de elmundo lo que pasa por la cabeza de Jennifer?) incluso en presentárselo a su familia. Al leer la noticia me ha asaltado un pensamiento abuelil y, para que negarlo, de proyección: ¿tan pronto? Así que he hecho una labor de investigación para refrescarme la memoria sobre la trágica, y reciente, historia de Jennifer, porque en un viernes que parece un martes hay que dedicar cierto tiempo a tareas así. Lo primero que me ha sorprendido es que al poner Brad y Jennifer en google sale muchísima información sobre la ruptura y sobre Brad y Angelina, pero ha sido difícil encontrar noticias sobre los tiempos en que Brad y Jennifer eran felices juntos, ¡qué crueldad la de la red, qué pronto olvida! De hecho si pones Jennifer Brad Boda, lo que salen son noticias sobre la posible boda de Brad y Angelina. No doy crédito. Así que he tenido que tirar de mi propia memoria de elefante y lo que recuerdo es lo siguiente (que no es poco, cosa que me preocupa). Bien, Jennifer se casó con Brad Pitt, el hombre más guapo sobre la tierra para muchas, hace cinco años. Su noviazgo era vox populi y su compromiso fue de lo más exhibicionista: él le pidió la mano sobre el escenario en un concierto de Sting y le regaló un anillo diseñado por él mismo (¿cómo sería?). La boda fue sonada ya que ambos eran la pareja diez, Jennifer, muy mona pero tampoco un supercañón, hacía realidad el sueño de toda mujer. Era la primera boda para ambos y fue un bodorrio en Malibú con helicópteros sobrevolando llenos de paparazzi e invitados ilustres, las dos cosas que dan caché a toda boda que se precie. Tras cinco años de aparente felicidad y perfección, empezaron a correr rumores sobre un romance entre Brad y Angelina Jolie, esa mujer con labios imposibles, pasado tormentoso y, lo que es peor, una conciencia social que le hace adoptar niños por doquier, niños por cierto que a pesar de no ser biológicamente suyos, sorprendentemente también son monos y cool (véanse fotos de Maddox). No podía ser cierto, pensaron muchos. Pero lo era. El escarnio público estaba servido. Brad rompió con Jennifer y aunque negaba su relación con Angelina, a la vez salían juntos en las revistas, y no sólo acaramelado con ella, sino, y esto era lo más doloroso, cariñoso con sus hijos. Jennifer se dedicó entonces a pasear su corazón roto por publicaciones de postín como el Vanity Fair declarando a los cuatro vientos que seguía enamorada de Brad y que siempre le querría. El 2 de octubre se divorciaron definitivamente y 20 días más tarde resulta que después de todo lo que he sufrido yo por el dolor de esta mujer despechada, ha rehecho su vida con otro cañón. Me parece muy bien pero, por otro lado no puedo dejar de preguntarme: ¿cómo puede ser que después de toda esta terrible historia que encima es conocida mundialmente, se pase página tan rápido? ¿Cómo puede ser que mientras tanto los simples mortales tardemos meses en recuperarnos de un minibatacazo vivido en privado? Yo soy Jenni y me meto en una de las camas de la mansión de Malibú y no salgo nunca más...

jueves, octubre 20, 2005

Grisaille

Ayer Olg y yo tuvimos días bastante otoñales, así que por la noche Olg me visitó y nos hicimos de diván la una a la otra por rigurosos turnos en mi cocina. El otoño es tremendamente melancólico, que os voy a decir que no sepáis. Es tan bonito que hasta da pena, pero además es decadente y parece que todo se termina y no puedes evitar mirarlo todo con un filtro gris. Cuando vivía en Lux el cielo estaba gris unos seis meses al año así que te podías dejar vencer por la nostalgia sin remordimientos. A ese gris permantente, que en realidad es ausencia de luz, lo llamaban grisaille. No hay traducción para grisaille en español, curioso. Y también curioso que precisamente en un sitio llamado Lux no haya luz. Ironías de la vida.
En el siglo XIX los autores románticos empezaron a usar en sus novelas un recurso literario que llamaron la falacia patética. Consistía en describir el estado de ánimo del protagonista a través del tiempo, y viceversa. Así si el personaje se cogía un tremendo cabreo, a la vez había una gran tormenta, o si era feliz, se describía un precioso día soleado. El caso es que en los libros personajes y clima siempre iban a la par.
Ayer Olg y yo fuimos víctimas de la falacia patética de nuestra propia novela. Después de la terapia nos sentimos reconfortadas ya que descubrimos una vez más que ni Olg está tan loca como cree, ni yo tan cuerda. Además ya puestos a estar triste, mejor estarlo en un día otoñal que al menos te sientes en consonancia con el ambiente. Nada peor que que te trate mal la vida en un día brillante y soleado en el que el tiempo no tiene la decencia de hacerte compañía.

martes, octubre 18, 2005

Hell en el infierno, Capítulo I

Hell visita en el día de hoy en infierno por enésima vez. Se presenta a su examen de oposición y como ella bien dice, le embargan los nervios, pero también la emoción, porque hoy es uno de esos días clave en la existencia de todo ser humano, uno de esos días de los que recuerdas hasta el sandwich de atún que te tomaste para comer, uno de esos días en los que tu futuro se decide y debería sonar continuamente una banda sonora tipo carros de fuego chan-chan-chan mientras caminas dirigiéndote a tu destino. En fin, un día del que en los medios se diría que marca un Antes y un Después.
En honor a Hell y a su día clave voy a narrar su primera visita al infierno.
A los 13 años Hell era una niña acomplejada, asmática y con desórdenes alimenticios. Sus padres, precavidos y modernos, decidieron mandarla a un psicólogo, que a su vez decidió que lo mejor para nuestra Hell era meterla en una terapia de grupo. Así que Hell, con su uniforme del máter, empezó a asistir a las reuniones una vez por semana. El grupo lo componían: un extoxicómano chungo; una chica de veintitantos anoréxica que pesaba 28 kilos; un chico muy guapo que no salía a la calle porque tenía una cicatriz en la mano y pensaba que todo el mundo la miraba con repugnancia; un chica de unos treinta que se tenía que limpiar toda la superficie de la cara con un bastoncillo de algodón antes de salir de casa, tardaba en la tarea unas dos horas, y nuestra Hell. Como nadie del grupo articulaba palabra porque no estaban para nada, nuestra Hell, muy educada y con un terrible horror vacui que todavía conserva y que le hace incapaz de soportar silencios, se pasó todo el año llevando la voz cantante de las sesiones, departiendo con el extoxicómano sobre las ventajas de la metadona, charlando con la obsesiva de la limpieza sobre la eficacia de una u otra marca de bastoncillos y mirando al guapo martirizado a los ojos en vez de a la cicatriz, cosa que todo hay que decir no le costaba demasiado, porque a Hell le puede la estética.
Cuando terminó el curso escolar los padres de Hell decidieron enviarla un mes a estudiar francés a Suiza. Víctima de un ataque de pánico ante la perspectiva de tanto tiempo alejada de su entorno y rodeada de desconocidos, nuestra Hell le contó sus temores, en privado, a la psicóloga. La psicóloga entonces, con el sentido común propio de su profesión y de los años, le dijo: “no te preocupes Helenita, si has podido pasarte todo un año hablando con esta panda, podrás hablar con cualquiera”. Hell, que no se había parado a pensar en su hazaña, vio la luz. Y no sólo se lo pasó divinamente en Suiza, sino que desde ese momento es la reina de las situaciones sociales complejas e incómodas; la invitada comodín que sientan en la mesa de los descolgados y guiris en las bodas; la amiga a la que llamas cuando tienes una velada de mezcla de gentes, porque como le dijeron en una ocasión “es que vienes tan bien, ¡es que tú rellenas los huecos!”.


Horas después de escribir esto vuelvo de tomarme unas cañas con Hell que ya ha hecho su examen. Le ha tocado cantar el tema de Instrumentos musicales populares (se presenta a Conservador de Museos). A la pregunta del tribunal de ¿de qué región proviene el organillo? ha respondido, por los nervios, “de Madrid, ¡cañí!”.
La nota no sale hasta dentro de dos semanas, dos semanas de infernal espera para Hell.

Retorno a Edén, el cartel


Gracias a Be todos podemos disfrutar del cartel de la serie que me marcó (ver post Sed de Venganza más abajo). ¡Y además he aprendido a subir fotos en mi glob!

lunes, octubre 17, 2005

Sed de venganza

Ay, la venganza, ese gran placer de ver sufrir al que nos ha hecho polvo restituyendo así el orden lógico del universo…. En la vida real no suele ir más allá de pequeñas maldades o mezquindades que, sin embargo nos hacen tremendamente felices, y la sensación de poder, de fuerza, de disfrutar haciendo desgraciado, es la misma que en las grandes historias de traición y sangre. Así por ejemplo la mayor venganza que he protagonizado yo fue hacer alfabetizar un cuadro de 30 países a un ligue del curro utilizando para ello mis dotes de monina en apuros informáticos, y me sentí como el mismísimo Charles Bronson. Pero como dirían en La historia interminable, ésa es otra historia y será objeto de otro post. Para ilustrar el tema que nos ocupa, y porque me apetece, voy a contar la peli que más me impactó durante la infancia y que me convirtió para siempre en una terrible vengadora. La peli de hecho ni siquiera es una peli, es una miniserie de los 80. Se llama Al Este del Edén y poca gente la recuerda. Trata de una fea pero encantadora millonaria a la que su marido engaña con su mejor amiga. No contento con eso el muy malvadísimo del marido y la perra de su amiga quieren eliminarla para quedarse con sus millones alegremente sin tener que aguantarla a ella, así que se la llevan en su yate de paseo y cuando están en mitad de una zona infestada (o infectada) de cocodrilos, la lanzan por la borda. Ella atónita comprende en ese preciso instante no sólo que se la van a zampar los cocodrilos, si no que le han tomado el pelo pero bien. Y desde ese momento la venganza será el motor de su existencia. Es ese motor el que la salva de los cocodrilos, y la suerte que a veces (pocas) tenemos las pringadas en la vida la pone en manos de un médico cirujano estupendo que le recompone la cara (no por fea si no porque se la han destrozado los cocodrilos, pero mira tú qué bien) y además se enamora de ella. Pero a ella ya todo le da igual porque el motor de su existencia no es el amor ni el futuro que le ofrece ese hombre diez, que lo mismo vale para un roto que para un descosido, si no la venganza, ¡oh, gran motor! Así que se hace modelo y después diseñadora de ropa de éxito, se labra una fortuna desde la nada ¿y todo para qué? ¡Para vengarse! Consigue meterse de nuevo en el círculo de pijos del marido y la amiga, que por supuesto se han casado y son tremendamente desgraciados, por malos, y tienen un pelo fatal, por ochentosos. ¿Y qué pasa entonces? Pues que el marido malvado cae en sus redes de modelo y diseñadora de éxito con pinta de estar de vuelta de todo sin darse cuenta de que es su mujer que él cree muerta, y no sólo porque le hayan cambiado la cara, si no porque la sed de venganza que la mueve le da un aura superespecial de no-se-me-pone-nada-por-delante-y-todo-me-lo-ligo. Y por supuesto la amiga les pilla en plena faena, y hay una pelea terrible; nuestra heroína confiesa su identidad y les canta las 40 mientras ellos la escuchan con cara de humillación profunda, y continúa la pelea, hasta que cae una oportuna lámpara sobre un oportuno montón de papeles y todo arde menos nuestra prota que logra escaparse de la casa y contempla desde el jardín como por fin se ha saciado su sed… Y los espectadores piensan JA, JA, JA. Justo lo mismo que pensé yo al ver a mi exligue enmarronado con la lista de paises, JA, JA, JA.

domingo, octubre 16, 2005

Calabazas y calabacines

¿Por qué duele tanto que te den calabazas, que te dejen plantado, que rompan contigo? Hay casos en los que realmente hay razones prácticas para ese dolor. Si te deja tu novio de toda la vida, a ver qué haces a partir de ahora los domingos por la tarde, y sobre todo, a ver cómo se lo cuentas a tu abuela, que esa es otra, el escarnio público de la ruptura es casi peor que la ruptura en sí. También se entiende la frustración si te da calabazas alguien que te encanta porque era muy especial y que has buscado durante mucho tiempo, que a ver dónde encuentras ahora a un cañón al que además le apasione la entomología o que su plan preferido de sábado sea echar una partida de rol.
Pero qué hay de esos casos en los que te deja, o te da calabazas alguien, que en el fondo no te gustaba tanto, con quien a lo mejor acababas de empezar o con quien a ratos pensabas que os aburriais, y a quien de hecho tú habías pensado ya en dejar antes, ¡pero que se te ha adelantado! Así y todo cuando te deja te encuentras sumida en un drama que ríete tú de las tragedias griegas ¿Es que en realidad te gustaba más de lo que pensabas? ¿Es que acumulas fracasos pasados y te pillas un berrinche total en el que lloras hasta por tu compi de pupitre de la guardería que no te quiso pintar el baby? ¿Es que al dejarte él/ella a ti te ha puesto en la postura de víctima y como tal te comportas? Algo de eso hay, pero también, y esto es lo tremendamente terrorífico, según mi amiga Hell que es muy sabia porque a veces visita el infierno, lo que te duele de verdad es el ego y el amor propio, que no lo parece, pero son muy frágiles. Y de repente están en entredicho, de repente esa persona, que te conoce, lo que es peor, puede que sólo conozca tu mejor lado ¡porque aún no te ha dado tiempo a más! te rechaza, no le interesas, prefiere dedicarse a otra cosa mariposa, y es como si con una varita mágica te hubiera transformado en una Pepita Pulgarcita miserable e ínfima.

sábado, octubre 15, 2005

Te vi

En el Tentaciones, que por cierto ya no es el Tentaciones sino el infumable EP3, hay una sección de Contactos. Hace unos meses tuvieron que incluir una subsección para dar cabida a todos los mensajes que recibían que no eran exactamente de Contactos, la llamaron Te vi. En Te vi escribe gente que tuvo una microaventura, un cruce de miradas, un roce de manos con un desconocido y no se atrevió a decir nada, quizás porque no le dio tiempo, por miedo, o simplemente porque pensó qué más da. Y sin embargo pasan los días desde esa microaventura y la sombra de lo que podría haber sido empieza a crecer, si hubiera... No son románticos o enamorados del amor, simplemente sienten que podían haber hecho algo más y el peso de la responsabilidad de su propia felicidad les abruma, porque cuando no le puedes echar la culpa a nadie de tus desgracias, cuando la culpa es sólo tuya y lo que es peor, de lo que no hiciste, se pasa fatal. Así que escriben a Te vi en busca de una segunda oportunidad para cambiar lo que no pasó y hacer que pase. Es el síndrome Lo que queda del día, la película más triste, en plan triste-rabia, de la historia, junto con La rosa púrpura del Cairo. Analizando esos momentos Loquequedadeldía en tardes de lluvia te intentas convencer de que si no fue es porque nunca tuvo que haber sido, que en el fondo da lo mismo lo que hubieras hecho, que uno no influye tanto sobre sus circunstancias, ¡que el otro también podía haber hecho algo!; pero no puedes evitar pensar que cuando no dijiste, no pudiste, no quisiste, no besaste, no tocaste, no te diste la vuelta, no escuchaste, no llamaste por su nombre, no volviste corriendo sobre tus pasos, las cosas (no) cambiaron sin remedio.

jueves, octubre 13, 2005

La aritmética del cortejo

El libro que estoy traduciendo es una novelita de Henry James en la que por supuesto se liga. Los protagonistas utilizan un cortejo que está claramente establecido y que todas las partes comprenden. Si un caballero te mandaba una carta perfumada o si una dama te inscribia en su carnet de baile, era evidente que quería tema. Todo estaba muy claro, todos se sabían los códigos. Dada mi teleadicción tengo vastos conocimientos en cultura americana contemporánea y también me parece que allí los códigos se comprenden bien. Quizás Clarita nuestra corresponsal en EEUU nos lo podría confirmar. Te conoces de manera casual, por ejemplo te chocas mientras corres en Central Park, y si te gustas a pesar del sudor y los pelos de correr, quedas. Y quedas para cenar o ir al cine un viernes por la noche, y lo llamas cita, con todas las letras y sin miedo, y las dos personas saben que si el uno ha propuesto la cita, y el otro ha aceptado, es porque los dos están interesados. Por otro lado, más allá de los Pirineos también me da la sensación de que las cosas son más obvias. Si a un alemán le gustas probablemente te lo dirá sin tapujos a los 10 minutos de conocerte. Y si no sales corriendo, habrás triunfado.
Sin embargo, ¿qué pasa por tierras castizas? Pues que seguimos en la época del cortejo pero, fatalidad, hemos perdido los códigos o más bien, los queremos ocultar a toda costa. La catastrophe! Para ligar aquí tiene que haber una conjunción planetaria o un eclipse anular. Por ejemplo, si te ha gustado Periquito al que viste una vez en la boda de tu primo, lo que harás será llamar a tu pobre primo en plena luna de miel, y no para que te dé el teléfono de Periquito, sino para que organice una cena postboda con al menos 8 personas, que si no se va a notar, e invite a Periquito. Por no hablar de la otra posibilidad que encima tiene todas las papeletas de salir mal: arrastrar a tus amigos a bares, inauguraciones, museos, bibliotecas, conciertos o fiestas populares donde quizás puede ser que vaya a aparecer de refilón Periquito. Cuando finalmente y por supuesto con una excusa del tipo "mi móvil tiene un sonido chulísimo, ¿por qué no me llamas y lo escuchas?" te haces con el preciado teléfono de Periquito, parecería que las cosas deberían enderezarse. Pues no, entonces el calvario no ha hecho más que comenzar, porque queridos, aún no se puede notar que estás ligando, o al menos no demasiado. Aquí sólo se puede notar que estás ligando cuando llevas al menos 6 meses con alguien. Bueno, a lo que iba, tras conseguir el teléfono, se pone en marcha un terrible proceso de cálculo complejo que hará ganar el nobel al matemático que lo desentrañe, y es que las posibilidades de la nueva era de la comunicación son tan infinitas que han dado lugar a un maremagnum de significados. Y eso que nos centramos en el móvil, que si nos metemos en emails no acabo este post... El caso es que te lanzas y mandas un sms y no contesta hasta el día siguiente, ¿qué significa? Nadie lo sabe. Entonces tú te haces la dura y tardas dos días en reresponder ¿qué pensará él? vete tú a saber. Luego él te llama pero tú no lo oyes, y él no deja mensaje en tu contestador, entonces decides llamarle tú, aunque si no ha dejado mensaje, le toca a él, ¿no? Bueno, vas y le llamas pero comunica y, horror, ahora movistar tiene un servicio por el que manda un sms cada vez que has llamado y comunicaba, así que ya no puedes llamar compulsiva e impunemente como antes. Y además si a él le llega un sms de que le has llamado, eso cuenta como llamada ¿o no? El caso es que finalmente llama él y entonces te dice mira, es que te llamaba porque como el otro día mencionaste que tienes una amiga en una agencia de viajes y resulta que el año que viene por fin tendré vacaciones pues que si me dices la dirección, o bueno, que si quedamos para que me la des, que ahora no tengo papel para apuntar... Y cuelgas y piensas: he ligado... ¿o no?

miércoles, octubre 12, 2005

La Pilarica

Hoy es el día del Pilar. Una de mis amigas mañas me envía desde su tierra el siguiente link: http://www.ofrendadeflores.com/ofrenda/index.html. Si todavía no le habéis hecho una ofrenda a la virgen aún estáis a tiempo por internet o sms. Ya no hace falta que cojáis el tren a Zaragoza, compréis flores y las depositéis en el manto tras pelearos con las multitudes. La ofrenda virtual es gratis, cómoda y probablemente más bonita y colorida que la real, que al fin y al cabo siempre acaba por pocharse. No estoy muy ducha en temas religiosos y no sé si con esto de la ofrenda das las gracias a la Pilarica o intercambias ramo/penitencia/promesa por deseo que te será concedido. Siempre me ha parecido curioso ese carácter mercantil de las relaciones con el santoral. Mi amiga Londinense por ejemplo, que es muy moderna y trabaja en cine, cree firmemente en la eficacia de la novena a San Expedito. La cosa consiste en pedirle algo a San Expedito pero amiga, algo tienes que darle tú a cambio a San Expedito que San Expedito no es tonto. ¿Y qué puede querer de ti simple mortal San Expedito? pues que le regales los oídos, porque a los santos, como a todos, también les gusta que les hagas la pelota. Durante 9 días debes rezar unas retahílas perfectamente fijadas y reguladas, sospecho que deben estar en el BOE. Mi amiga L. jura que San Expedito cumple su palabra si tú cumples la tuya. Lo que sería de auténtica utilidad sería que pudieses hacer las promesas a posteriori, después de haber cumplido una de las penitencias con las que diariamente te enfrentas en la vida, tipo, virgencita, virgencita, te prometo que si me quitas este grano para el viernes por la noche, iré en metro dos horas al día aplastada por la masa y traduciré protocolos clínicos sobre pacientes con diarrea. Lástima que los santos no sean tontos.

martes, octubre 11, 2005

Ex-ponjas

Inauguro este glob hablando de exnovios. Todo el mundo a estas alturas tiene exnovios, pero sobre todo, todo el mundo tiene un Exnovio así con mayúsculas. Esa persona que pasó por tu vida como un ciclón dejándolo todo asolado, porque hay personas que son como puentes y que cuando las atraviesas ya no estás en el mismo sitio. Ese Exnovio ni siquiera tiene porque ser alguien muy especial, probablemente simplemente pasaba por allí, y tú, desgraciadamente también. El caso es que los dos pasabais por allí, una cosa llevó a la otra y después de un gran drama humano los dos os fuisteis cada uno por su lado pero él ya se ha convertido por obra y gracia de la mala pata en tu Exnovio Exponja, es decir, en ese ex que te sorbe todos y cada uno de tus pensamientos, un ex sobre el que podrías escribir tesis si quisieras de tanto como reflexionas sobre su existencia y su personalidad, un ex que te hizo creer que todo era una peli de sandra bullock y resulta que de repente ahora estás en una de Lars von Trier y todo es sórdido y horrible y quisieras, aunque la peli de sandra bullock ya no pueda ser, la peli de antes, los goonies, por ejemplo; un ex por el que sientes una extraña mezcla de odio visceral y manía quinceañera, y que cada vez que oyes su nombre se te hace un nudo en el estómago y te dan ganas de hacerte bicho bola y meterte debajo de la cama porque cada vez que alguien te cuenta que tu ex ha hecho esto o lo otro te encuentras pensando ¿pero cómo ha podido el muy cerdo apuntarse a clases de chino sin mí???? ¿¿¿pero cómo ha podido salir a cenar y pedir patatas bravas??? ¿¿¿pero cómo es posible que se haya comprado unos pantalones pitillo??? Porque su mera existencia más allá de ti te fastidia profundamente, porque lo que querrías sería meterlo en una cápsula y mandarlo al espacio sideral, perdonándole la vida porque en el fondo eres una buena persona, pero que viva en el espacio sideral, aislado, sin hacer absolutamente nada ni hablar con nadie, ni nadie le vea, vagando eternamente, como los malos de superman en aquellas planchas de metacrilato, que yo tengo la teoría de que de alguien eran Ex...